“Los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven”
Nicolás Maquiavelo

Para todos es conocido que la presente contienda política nacional es muy diferente de todas las que han antecedido la lucha política por llegar a la presidencia, diputaciones y senadurías, no es una lucha ideológica, pero sí una lucha por una forma de vida basada en un modelo económico que defina el mapa de ruta de la producción, como de la apropiación de la riqueza que se genere, pues quien domine los mercados, dominará la vida política, social y militar.
De los espacios donde se llevan a cabo las confrontaciones, las redes sociales son las principales, pues superan con creces a los mítines, debates, toques de puerta y visitas domiciliarias, siendo las estadísticas los catalizadores de los ánimos de contendientes y seguidores; pero hay un común denominador en todas las campañas, que es la mezcla de mentiras y verdades, predominando la construcción publicitaria de imágenes falsas, acusando al candidato del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), tanto por Anaya como por Meade, y entre estos dos últimos también utilizan los ataques personales y las descalificaciones.
El contexto es confuso y ese el propósito del aparato gubernamental, confundir a la ciudadanía para fertilizar el terreno para el fraude en las urnas, sembrando odio y miedo en el tejido social, el cual está por convertirse en el pasto del fuego de la anarquía, gracias a la guerra sucia de Estado, generada por la perversa, ilegal e ilegítima intervención de Enrique Peña Nieto. Los resultados son impredecibles.
La ambición transexenal del poder por parte de Enrique Peña Nieto para reproducir el modelo económico neoliberal, con el que ha venido gobernando, eliminando los derechos sociales y humanos, vendiendo los recursos naturales de la nación al mejor postor internacional, necesita imponer a José Antonio Meade en la presidencia. ¿Por qué él? Por ser el más manipulable, el funcionario sin visión política, ni de país, carente de ideología alguna y del menor sentido social.
El juego perverso, ilegítimo e irresponsable de Enrique Peña Nieto lo inició con la destitución de Santiago Nieto como titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), lo que permitió dar carpetazo a la investigación sobre los 10 millones de dólares que Odebrecht entregó a Emilio Lozoya; el nuevo titular de la Fepade Marcos Díaz-Santana tomó protesta el 15 de diciembre de 2017, pero el expediente de Odebrecht quedó congelado, el encubrimiento y la impunidad son dos elementos centrales de la presidencia de Peña Nieto.
El otro factor que anuncia el gran fraude es el caso del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), el cual por medio de cuatro de los siete magistrados ordenó la inclusión de Jaime Rodríguez, el Bronco, en las boletas electorales, situación que evidenció la pérdida de la honorabilidad, imparcialidad e independencia de los magistrados, los cuales deberían ser intachables, según lo estipula el artículo 99 de la Carta Magna, pero ahora son corrompibles gracias a la obsesión enfermiza de Peña Nieto de imponer a Meade en la presidencia.
Con un crecimiento económico mediocre de solo 2 por ciento en promedio, donde quienes crecen son las empresas transnacionales, las automotrices, las mineras canadienses, las que construyen los gasoductos, sin tomar en cuenta a la ciudadanía de los sitios por donde cruzan, sin medir las consecuencias en la salud y en la dinámica productiva de los pequeños productores que son afectados.
Con 57 por ciento de la población ocupada en un empleo informal, solo el uno por ciento tiene ingresos superiores a 10 salarios mínimos, con los salarios más bajos de Latinoamérica; y una planta productiva nacional rezagada tecnológicamente y sin innovación, con una violencia que brota por todas partes, los 43 sin justicia, los más de 30 mil desaparecidos y el aberrante homicidio de los jóvenes en Jalisco.
Aun así Peña Nieto, deteriorando a las instituciones, lleva a cabo su guerra sucia, como dice Rolando Cordera: “La política y los políticos tienen que parar su grotesca carrera por el poder y aprestarse aparecer sin oropel ni asesorías de imagen” en público y en redes sociales.
“Todo el mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres”, según Maquiavelo. Transparencia y legalidad es lo imprescindible. ¿No lo cree usted así?

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