Con las funestas y lamentables declaraciones del presidente Donald Trump dirigidas a nuestro país en días pasados, no cabe más que engrosar filas. La unidad nacional es necesaria y ajena de creencias y posturas. La tensión se aglutina entre nuestros vecinos del norte y nuestro país, ambas naciones compartiendo amistad, pero también añejos rencores con los ánimos caldeados a tal nivel que si no existe precaución y diplomacia, así como tolerancia y serenidad, podría desencadenarse una conflagración de tamaño tal que traería desolación y muerte para ambos.
Un discurso que inició la guerra de 1846-1848 y que cimbró a México y por el cual se perdió más de la mitad del territorio nacional fue dado por el presidente James Knox Polk, en aquel 11 de mayo de 1846:

“Así hemos tratado a Texas, al enviar a nuestro Ejército a su frontera para defender su territorio y su gente contra la amenaza de México”, dijo el presidente James K Polk, quién afirmaría esto: “Había yo ordenado que una fuerza militar eficiente tomara posiciones en el Río Grande”, y su secretario de guerra William Marcy, cursó las siguientes ordenes al general Zachary Taylor: “Que las fuerzas al mando de usted se coloquen en posición de poder obrar pronta y eficazmente en defensa de Texas, y con ese propósito empleará usted todos los medios que posea; pero ese propósito no limita sus actividades y podrá cruzar el río Grande”.
Era evidente que míster Polk tenía planes en particular para aprovecharse de México, y justamente los expuso al tomar el cargo de la presidencia de Estados Unidos el 4 de marzo de 1845.
“Se hicieron serias objeciones en distintas épocas contra el ensanchamiento de nuestras fronteras. Para Texas la reunión es importante, porque el brazo protector de nuestro gobierno se extenderá sobre ella, y los vastos recursos de su fértil suelo se desarrollarán rápidamente, mientras que la seguridad de nuestra frontera del suroeste contra cualquier agresión hostil, así como los intereses de toda la unión quedarán beneficiados por ese hecho. Yo trataré, por todos los medios constitucionales, honorables y apropiados, de que se consuma la voluntad expresa del pueblo y el gobierno de los Estados Unidos.”
Los argumentos parecieran distantes, sin embargo, comparándolos con los expuestos actualmente por míster Donald Trump al tomar posesión de la presidencia de Norteamérica el 20 de enero de 2017, en absoluto son antagonistas y muy por el contrario similares.

“Hemos defendido la frontera de otros países mientras nos rehusamos a defender las nuestras. Debemos proteger nuestras fronteras de la devastación de otros países que fabrican nuestros productos, se roban nuestras industrias y acaban con nuestros propios empleos. La protección nos brindará una gran fuerza y prosperidad. Lucharé por ustedes con cada aliento de mi cuerpo y jamás les fallaré. Estados Unidos volverá a ganar de nuevo. A ganar como nunca antes. Volveremos a traer nuestros empleos. Volveremos a traer nuestras fronteras. Volveremos a tener nuestra riqueza. Volveremos a tener nuestros sueños.”
Si Polk nos quería cobrar los gastos de la guerra de 1847, ¿Por qué Donald Trump no habría de querer cobrarnos su muro?, si en ambos casos es culpa de nosotros los mexicanos según los argumentos norteamericanos. James Polk argumentó:
“Entre nuestros justos motivos de queja contra México, derivados de su renuncia a negociar la paz, tanto antes como desde el momento en que ese país tan injustamente inició la guerra, son los extraordinarios gastos que la misma nos ha representado. La justicia hacia nuestro propio pueblo hará que México sea declarado responsable por esas erogaciones.”

La vecindad con los norteamericanos siempre ha sido ríspida y en absoluto amable y cordial, ambos países solo se toleran por los beneficios que obtienen mutuamente. Considerando que siempre existirá un materialismo histórico entre ambas naciones, donde una es la sometida mientras la otra la que somete. En cualquier momento y por cualquier pretexto, al igual que tiempo atrás, podría existir una conflagración que bien vale la pena tomar en cuenta, Estados Unidos argumenta que México pagará un muro fronterizo, y no solo eso, sino que no entrarán a suelo yanqui más inmigrantes y los que hay serán deportados cuanto antes. Ahora se suma el despliegue de tropas a la frontera en común con nuestro país. México se prepara, si bien no con un armamento descomunal, puesto que no se tiene tal, ni tampoco con suficiente patrocinio para su defensa, pero si con gallardía y recordando: “Más si osare un extraño enemigo profanar con sus plantas tu suelo, piensa ¡oh patria querida! que el cielo, un soldado en cada hijo te dio”. Solo conjeturas y la historia como aleccionadora ¿Qué pasará?, ¿tú lo sabes?… yo tampoco.

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