Lo dice José Luis Trueba en su libro La patria y la muerte, con el agregado: Los crímenes y horrores del nacionalismo mexicano:

“A finales de los años treinta del siglo pasado, la gran creación casi estaba terminada: México y los mexicanos habían sido inventados por los caudillos y su régimen autoritario. La gente, a pesar de los horrores que ocurrieron durante casi dos décadas de balaceras, saqueos, violaciones y epidemias, ya asumía como verdaderos los mitos que le otorgaban una identidad y le revelaban la tierra prometida que, ahora sí, estaba a la vuelta de la siguiente esquina.”

El texto es incisivo, tal vez a veces demasiado cruel por verdades que encierra, no deja de ilustrar, desde el punto de vista del autor y deja una especie de paladar amargo porque parece que muy poco se ha avanzado.

Trueba Lara, nacido en 1960, es filósofo y politólogo. Se ha desempeñado como profesor universitario, escritor, editor y divulgador.

Ha publicado más de 30 obras sobre historia, política, divulgación de la ciencia, reportaje y narrativa. Como periodista ha colaborado en El Nacional, Unomásuno y La Jornada.

Entre sus novelas destacan La derrota de Dios y Lobo cimarrón. De sus cuentos le gusta Rumor de luz, y sus ensayos predilectos son Miedo absoluto y los que han visto la luz sobre la comida y el arte mexicano. También ha incursionado en la literatura juvenil.

Divide su libro en seis capítulos: “La misa negra y la invención en México”; “La siniestra pureza de la raza mestiza”; “Un mexicano a la altura de la Revolución”; “El indio bueno es el indio marginado”; “Una revolución de machos” y, “Las vanguardias y el autoritarismo”.

Acentúa, en algunos de sus párrafos cierto humor como de “muy a la mexicana”, coloquial y todavía vigente.

Como al señalar: “El tigre que en 1910 había soltado Panchito Madero no fue poca cosa: cerca de un millón de personas besaron a la huesuda, y los sobrevivientes de la gran rebelión necesitaban un clavo para agarrarse. Para seguir vivos y cuerdos, necesitaban una esperanza. Las matanzas no podían ser en vano”.

Llama la curiosidad para saber quién es “Un mexicano a la altura de la Revolución”.

Hay dos partes para analizar.

“¿Cuáles debían ser las características del nuevo pueblo de México? Y para responderla y crear a un humano a la altura de su revolución, los caudillos estaban obligados a iniciar una cruzada a favor de la eugenesia y la transformación mental (Según el diccionario de la RAE, puede definirse como el estudio y la aplicación de las leyes biológicas de la herencia orientados al perfeccionamiento de la especie humana) y el autor acepta: “Una definición inocua que sin duda oculta lo inocuo de esta práctica”.

Y prosigue: “El pueblo, tal como estaba no era digno de la causa y tenía que ser redimido. A como diera lugar, los cuerpos y las almas debían dejar atrás los atavismos, las taras y las contrahechuras que tenían marcados por la esclavitud a la que los habían sometido los conquistadores, los clérigos fanáticos, los conservadores, los científicos, los capitalistas y los fuereños perniciosos”.

Alude a Juan García Purón y a su estudio “Curso de historia natural”, que llama “un libraco bastante fifí que se utilizaba en las escuelas de postín”.

“Señalaba que la raza blanca se caracterizaba por la civilización que la distingue, y por los grandes hombres que ha producido en todas las ramas de los conocimientos humanos. A diferencia de ella, la raza cobriza -es decir, la indiada- aún enfrentaba una existencia salvaje, mientras que la raza negra tenía una vida errante y grosera, [que transcurría] en una ignorancia casi absoluta de las leyes y la moral. La consecuencia de estas descripciones es casi obvia: esos seres solo podrían ser redimidos gracias al mestizaje con los blancos. Sin los apareamientos correctos, ellos estaban condenados a permanecer en la ignominia y la degradación”.

Para remarcar, a pie de página, cita que en 1925, en un libro de texto de ciencias naturales se afirmaba que los integrante de la raza blanca o caucásica […] “son los más inteligentes y su influencia se extiende sobre todos los demás hombres” (Primeras nociones de ciencias físicas y naturales para uso de las escuelas primarias, México F.D.T, 1925, p.10).

Esos eran otros tiempos, y hay más de ellos que pone en la mesa José Luis Trueba Urbina. El lector tendrá sus propias conclusiones.

De Editorial Grijalbo, la primera edición es de julio 2019.

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