Llegó el día cero: hoy Andrés Manuel López Obrador recibirá la banda presidencial y tomará las riendas de nuestro país, que se encuentra en un vendaval de cambios y coyunturas que pintan de incertidumbre el mañana. Enrique Peña Nieto hereda al tabasqueño un país radicalmente distinto al que recibió en 2012. En la economía nos deja una espiral de aumentos de precios que han pulverizado los ingresos de la mayoría de los mexicanos. Van algunas cifras: el dólar en 2012 estaba en 13.2 pesos por unidad, hoy está por arriba de los 20; el litro de gasolina Magna estaba en 11.28 pesos, hoy ronda o supera los 20; el kilo de tortilla estaba en 10.90 pesos, hoy está arriba de los 13; el kilo de huevo costaba 27 pesos, hoy está en 35; el de carne valía 47.30, hoy cuesta 124 pesos; un litro de leche estaba en 13 pesos, hoy está arriba de los 17. Y, en contraste, el salario mínimo estaba en 60.50 y hoy está en 88.36. La escalada de precios ha sido criminal, frente a un salario que aparentemente creció más que en otros sexenios, pero que se pulveriza al confrontarlo con la inflación. Otro de los grandes fracasos de Peña Nieto, además del económico, se encuentra en su estrategia para reducir la violencia. En este renglón una cifra es lapidaria: en 2012 hubo 21 mil 459 homicidios dolosos y al cerrar octubre de este año la cifra ya superaba los 25 mil, perfilando a 2018 como el año más violento del que se tenga registro en la historia moderna. Este será el país que recibirá López Obrador: con una población enojada y ansiosa de un cambio, con la esperanza de que el futuro puede ser sustancialmente mejor a nuestro oscuro presente. De filón. Siete meses duró el plantón que instaló Antorcha Campesina frente a la Casa Rule, sede del ayuntamiento en Pachuca. ¿Cómo se destrabó el conflicto? El Congreso de Hidalgo, y particularmente los diputados Humberto Veras y Corina Martínez tuvieron gran parte de la culpa. Los cambios, como se aprecia, en ocasiones sí funcionan.

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