Manuel Alberto Morales Damián

En 1553 se construyó una iglesia de adobe y techo de teja dedicada a María en su advocación de la asunción a los cielos, la cual fue convertida en parroquia en 1560 para atender a los vecinos del Real de Tlahualipan de las minas de Pachuca. La pobreza de la primitiva iglesia de la Asunción llevaría a los vecinos a derribarla en 1647 para sustituirla con un edificio que se concluiría en 1719 –edificio que actualmente se conserva con algunas modificaciones–. Al interior del templo de la Asunción de Pachuca se puede apreciar una obra de singular valor: el mural sobre lona pintado por Jesús Becerril.

Este, con el apoyo de monseñor Enrique Salazar y Salazar, emprendió en 1972 un proyecto para la pared del altar que desafortunadamente quedó inconcluso. En la parte superior representó a los ángeles rodeando a la virgen y comenzó a pintar un monumental Cristo resucitado, pero los ángeles desnudos habían provocado las protestas de algunos mojigatos, lo cual llevó, cuando la parroquia estaba en manos del padre Licea, a que suspendiera su trabajo. A las críticas el pintor respondía diciendo que lo malo estaba en la mente de quientes miraban los ángeles desnudos.

Jesús Becerril manejaba bien la pintura sobre tela utilizando óleos o acrílicos, así que en raras ocasiones pinta directamente sobre el aplanado, prefiere hacerlo sobre tela que adosa al muro previa o posteriormente a la realización de la obra, eso permite que el “mural” sea transportable. Fue así posible que la tela terminada de los ángeles fuera removida hacia el acceso al baptisterio. Por su parte, la tela inconclusa de Cristo se conservaría guardada en manos del pintor, hasta que la rescató Pedro Arandadíaz, entonces obispo de Tulancingo, quien promovió que Becerril realizara su último gran mural religioso en el seminario mayor de su diócesis.

El mural de los ángeles tiene varios aciertos pictóricos y lo que monseñor Enrique Salazar describe del proyecto inconcluso del altar revela que hubiera sido un monumental retablo, digno de la primera parroquia de Pachuca.

Puesto que la pintura hoy en día se encuentra removida de su sitial original carece de la imagen escultórica de María. Sin embargo, es evidente que al concebir el programa iconográfico Becerril se inspiró en la visión de San Juan en el apocalipsis. María está interpretada como la mujer vestida de Sol a la que los ángeles atienden. De hecho, el espacio que ocupara la imagen de la virgen hoy en día es la ventana circular de la pared norte. Los ángeles que rodean ese círculo cantan y tocan instrumentos musicales, con perceptible alegría. La ingenuidad y la soltura caracterizan a esos angelitos: alguno se ha quedado dormido, otro juega columpiándose entre las nubes, uno más parece planear alguna travesura y todos ellos, a fin de cuentas, parecen un conjunto de niños felices y despreocupados. Los angelillos han sido pintados con características raciales diversas puesto que el artista pretendía destacar que en el cielo no hay discriminación.

Otra referencia apocalíptica son los desnudos masculinos sentados en los extremos a cuyos pies avanzan multitudes de hombres, con lo que alude a los cuatro vivientes y a los hombres justos. Serían esos desnudos los que provocaron el descontento de algunos fieles y la incomprensión de ciertos sacerdotes. Desde su perspectiva no se justificaba que estuviesen desnudos; para Becerril, en cambio, no podía ser de otra manera puesto que la escena del apocalipsis que pretende interpretar implica el retorno al paraíso.

Otro detalle novedoso y que ubica plenamente la pintura en su época, es la presencia de un cohete dirigiéndose hacia la Luna. Eso para el pintor es un intento de establecer la dimensión histórica de la salvación, así como la unión entre ciencia y religión.

Un catolicismo moderno es el que se manifiesta en esa obra de Becerril: la unidad de la raza humana, la cercanía de la salvación, la historicidad de la Iglesia; ideas, todas ellas impulsadas por el concilio vaticano II. Pero en 1972, aún no habían fraguado entre los creyentes las novedades de la Iglesia transformada por el concilio y es por ello que pareciera que Becerril pretende remover las buenas conciencias de los que acudían a la Asunción, despertarlos a que su religión no era una pieza de museo, sino una realidad histórica, viva en la cotidianeidad. No se comprendió tal mensaje y la obra se detuvo, la modernidad chocaba contra el conservadurismo.

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