Para Kat

En días pasados, el muralismo latinoamericano volvió a tomar los muros para dejar un nuevo patrimonio artístico, ahora en la ciudad de Tarija, Bolivia. El segundo Encuentro Internacional de Muralismo Mbayaporenda 2019 que reunió a 33 muralistas de Bolivia, Uruguay, Chile, Argentina y por supuesto México, dejó como resultado 17 murales realizados con las más diversas técnicas, como el esgrafiado, el cemento directo, el mosaico, el aerosol y el vinilacrílico.

Extraordinariamente organizado por la Casa Creart, a cargo del maestro Fabio Sergio Cruz y un maravilloso equipo de trabajo, una casa que funciona como centro cultural autónomo que se ha vuelto un referente en Tarija por abrir sus puertas a la creación artística y como punto de encuentro de artistas y gente interesada en aprender distintas prácticas artísticas. También, en coordinación con el gobierno autónomo municipal de Tarija, el honorable concejo deliberante y la Universidad Autónoma Juan Misael Sarachco UAJMS.

Un encuentro inolvidable para quienes participamos como muralistas, también memorable para la ciudad de Tarija, pero sobre todo para las rutas de un muralismo crítico, didáctico y hasta subversivo, una ruta planteada por el histórico movimiento muralista mexicano hace ya nueve décadas y que en Bolivia continúa históricamente desde las obras del maestro Miguel Alandia Pantoja hasta los colectivos contemporáneos y artistas independientes con magníficas obras que siguen caracterizando la fuerza de la ancestral cultura boliviana, desde una obra pública que sostiene indiscutiblemente que el muralismo está más vivo que nunca.

Contra toda lógica, el muralismo en México lejos de tener una continuidad y el reconocimiento y apoyos oficiales, sobrevive gracias a la necedad de muchos de nosotros en un contexto político y cultural enrarecido por la ignorancia y la soberbia, ahora también del gobierno de la cuarta transformación, que lejos de sumar a la construcción dialéctica del arte, se ha vuelto una piedra en el zapato del desarrollo artístico y de la cultura a nivel nacional.

“Nadie es profeta en su propia tierra”, dice un lamentable y vergonzoso, pero verdadero dicho, pero en las naciones donde se ha entendido que el arte y la cultura son motores fundamentales de desarrollo, ese pensamiento se ha ido erradicando para darle paso al reconocimiento de sus artistas y mal que bien en muchos casos también de los apoyos necesarios para su crecimiento. En el caso de Tarija, los artistas locales se desenvuelven, trabajan, abren espacios y, aunque a veces con trabas, van dejando un patrimonio artístico en su ciudad.

El encuentro de muralismo se realizó viento en popa y por la ruta correcta que se confirmó cuando las voces más reaccionarias censuraron el mural de mi autoría por contener una Wiphala (bandera ancestral que representa la diversidad y la unidad de muchos pueblos originarios), por considerársele la bandera asociada al partido en el poder y al presidente Evo Morales. El mural que habla de la educación pública y gratuita desde la perspectiva de los movimientos estudiantiles boliviano y mexicano que ahora embellece el comedor universitario de la UAJMS, narra la historia de esa conquista de nuestros pueblos por la educación, de las luchas estudiantiles con los actores y la diversidad ideológica que le han dado fundamento y que han participado en ellas, desde el marxismo-leninismo hasta los movimientos anarcos, la lucha de los trabajadores representada con las banderas rojinegras, pero sobre todo la unidad en la resistencia y la construcción de nuestras universidades autónomas, públicas y gratuitas en ambos países.

Pese a las recalcitrantes voces de la censura, el mural comenzó a funcionar en su sentido crítico más amplio desde el segundo día de su inicio, desatando la polémica por toda la comunidad y confirmando que el mural iba por la ruta correcta, porque el muralismo también es para eso, para cuestionar, para generar debate y análisis desde el poder de la imagen y no para decorar edificios ni rendir pleitesías. El debate no solo llegó a otros departamentos de Bolivia desde donde se manifestaron compañeras y compañeros artistas por el respeto irrestricto a la libertad de expresión, también organizaciones estudiantiles de otras universidades expresaron su apoyo y hasta llegó a las esferas oficiales de la alcaldía, donde en solemne acto de clausura la vicepresidente del concejo municipal de Tarija Ana Sorich entregó tremendo reconocimiento a las y los artistas en los que, por ordenanza municipal, fuimos nombrados “Visitantes distinguidos” y en cuyo discurso dejó clara la postura que debe haber hacia el muralismo: “la wiphala se queda”. Un tema que no hace más que confirmar que el debate de las ideas, del pensamiento crítico que se generan en nuestras universidades son las rutas pacíficas y de construcción que nos permiten engrandecer a nuestros pueblos y fortalecer nuestras culturas. Gracias Tarija, gracias, compañeras y compañeros. ¡El muralismo va!

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