El nacionalismo económico es un conjunto de medidas que apuntan hacia la eliminación de la dependencia y la creación de una base económica altamente diversificada. Los gobiernos que han seguido esta línea de acción, especialmente entre países socialistas o próximos a esta ideología, han tratado de desarrollar la industria pesada y la de armamentos, concentrándose también en la autosuficiencia alimentaria y en el desarrollo de una minería ligada a esas industrias: petróleo, carbón, acero, uranio, etcétera.

El nacionalismo económico ha buscado tener saldos favorables en la balanza de pagos y al mismo tiempo crear una industria nacional de importancia. El creciente nacionalismo económico también puede incentivar la prolongación de las políticas proteccionistas en muchos países, China, por ejemplo, cuenta con prácticas comerciales y relacionadas con propiedad intelectual que muchas compañías e instituciones globales consideran excesivamente restrictivas. Estas incluyen políticas industriales y medidas no arancelarias que, en algunos casos, favorecen a las compañías domésticas en detrimento de las extranjeras; protegen la posición dominante de las empresas estatales en algunos sectores, suponen un acceso desigual a subsidios y financiación, y una salvaguarda insuficiente de los derechos de propiedad intelectual.

Las desigualdades en el acceso a las oportunidades y a los beneficios del crecimiento económico y del comercio no desaparecerán por sí solas en México ni como resultado de las fuerzas del mercado. Las políticas públicas tienen un papel esencial que desempeñar y en particular, las políticas comerciales pueden y deben hacer una diferencia.

Son varias las medidas que se pueden tomar en esta dirección, tales como las reformas que tienden a modificar la estructura productiva de los sectores y territorios de baja productividad, incluyendo políticas que promuevan la actividad económica que ayude a diversificar la estructura productiva o generar vínculos entre sectores de baja y alta productividad; políticas de desarrollo del capital humano que mejoren las habilidades de los trabajadores para aumentar la productividad del trabajo; políticas, regulaciones y una mejor supervisión para aumentar el cumplimiento de las leyes laborales; políticas tendientes a asegurar la participación de organizaciones de mujeres y sindicatos en espacios de diálogo y toma de decisiones relacionados con la gobernanza comercial.

Los acontecimientos de los últimos años para México han demostrado que el nacionalismo económico rinde pocos frutos en un mundo interdependiente, donde los adelantos tecnológicos se suceden a un ritmo acelerado. El resultado ha sido, casi siempre, la generación de una estructura industrial rezagada con respecto a la competencia internacional que impone altos costos a los consumidores locales, esto a su vez, ha limitado las posibilidades de exportación, generando déficits en el comercio internacional que constituyen un efecto opuesto al que se pretendía alcanzar.

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