Son muchos los conflictos que estamos viviendo en México y considero, al ver las decisiones por demás equivocadas de muchos gobernantes, pero principalmente del actual presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, que la situación va a empeorar, que se avizoran serios y graves problemas económicos, políticos y sociales, que no solamente pesa ya sobre nosotros la recesión económica, como la espada de Damocles, sino también conflictos sociales que se pueden derivar del no respeto a la laicidad del estado, de la famosa “cartilla moral” difundida desde la más alta tribuna del poder en nuestro país, pero que esconde en el fondo un sesgo religioso.

Los mexicanos no debemos olvidar la Guerra Cristera en México (1926-1929) que dejó miles de compatriotas muertos y por eso, y muchas otras razones, debemos mantener el necesario espíritu laico del Estado mexicano. Hoy, a tenor de esas peligrosas circunstancias, quiero nuevamente recordar la referencia que hice en algún artículo hace ya algunos años sobre la intolerancia religiosa, tema central de la obra de Nathan el Sabio, problema tan antiguo y tan actual; al respecto señalé:

“Nathan el Sabio es una obra de teatro escrita por Gotthoold Ephraim Lessing y publicada en 1779. La obra constituye un llamamiento a la tolerancia religiosa; transcurre en Jerusalén, en el siglo XIII, durante la tercera cruzada, y describe cómo el sabio judío Nathan, el sultán ilustrado Saladino y un templario salvan las diferencias existentes entre el judaísmo, el islam y el cristianismo. Las dificultades económicas del sultán y una acción heroica del caballero templario desencadenan una sucesión de amores e intrigas durante las que se descubrirán misterios ocultos del pasado de los protagonistas. Y todo bajo la interrogante de cuál es la auténtica religión. Sus principales temas son la amistad, la tolerancia, un rechazo rotundo a los milagros y la necesidad de comunicación entre los distintos credos. Lessing, probablemente el dramaturgo más destacado de toda la Ilustración alemana, desarrolla y resuelve con maestría una trama que cautiva al espectador y que transmite un mensaje de tolerancia religiosa.

“La versión de Nathan el Sabio, que cayó en mis manos, es una traducción de Emilio J González García y en su introducción dice: ‘En la obra se describe como el comerciante judío. Nathan regresa de un viaje durante el cual su casa ha ardido con su hija adoptiva adentro. Un joven templario salva su vida y Nathan intenta mostrarle su agradecimiento pese a las reticencias de aquel. Al mismo tiempo, el sultán Saladino, acuciado por el lamentable estado de sus finanzas, solicita a Nathan un préstamo, a lo que él se niega, por lo que decide concertar un encuentro. Durante la conversación, Saladino le plantea a Nathan la pregunta de cuál de las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo o islamismo) es la auténtica, con el fin de que Nathan demostrase su sabiduría. El objetivo de esa cuestión era conseguir que el judío defendiera que sus creencias eran las verdaderas, y así, escudándose en esta ofensa a la fe del sultán, obligarle a concederle el préstamo o incluso exigírselo por la fuerza. Nathan adivina la intención del gobernante y, consciente de lo delicado de su situación, expone sus ideas por medio de una historia, la parábola de los anillos…’

“Esa historia, originada probablemente en la península Ibérica, fue empleada ya por Boccaccio en el Decamerón, donde se llega a la conclusión de que no es posible discernir cuál es la auténtica religión, puesto que las tres son igual de valiosas. La novedad de Lessing estriba en que el anillo auténtico tiene la facultad de hacer a su poseedor agradable a los ojos de los hombres, determinando así cuál debe ser la finalidad última que debe tener cualquier fe, independientemente de su origen: conseguir hacer de los creyentes mejores personas, haciendo que el juicio deje de estar en manos de Dios para pasar a los hombres.

“Lessing era un hombre de amplia formación religiosa. Su padre era pastor luterano y él estudio teología, además de medicina y filosofía… La obra de Lessing no contiene un ataque a la Iglesia o al cristianismo, sino a la forma de entender la religión. En el contexto histórico de la tercera cruzada, nada proclive al entendimiento entre religiones, propone una nueva relación entre las creencias huyendo de ideas preconcebidas y basándose en el respeto y en un término clave de la Ilustración, la tolerancia.

“De hecho, se podría decir que no criticaba ni alaba ninguna religión en particular, sino que critica la estupidez, la intolerancia… Propugna un abandono de la fe ciega y su sustitución por un convencimiento no basado en milagros o tradiciones, sino en la conciencia de que los principios que defiende son correctos. Promueve así un entendimiento entre credos, una comunidad de intereses basada en lo razonable y lo correcto, en la que solo la inequidad, la violencia o la injusticia no tienen lugar, independientemente de la religión que afirmen profesar.”

La obra, pues, contiene un importante mensaje que mantiene su actualidad y que continúa siendo necesario recordar permanentemente, no solo por los sucesos arriba referidos, sino por muchos otros de esa naturaleza que cotidianamente se registran en México y en el mundo.

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