Ignacio Ramírez, el Nigromante; poeta, escritor, político y agudo ideólogo se preguntaba, a finales de 1850 “¿qué hacemos con los pobres?” este intelectual, considerado uno de los artífices más importantes del Estado laico, aventuraba diagnósticos, posibles respuestas, rutas para salir de la pobreza, más de 100 años después continuamos atrapados en el mismo laberinto.

En la agenda del país, el tema continúa siendo una prioridad, pero la pesadilla, como en el relato del hondureño Augusto Monterroso, todavía está ahí. La mala noticia: de acuerdo con el Programa Universitario de Estudios de Desarrollo de la Facultad de Economía de la UNAM (PUED-UNAM), al menos 16 millones de mexicanos habrían caído en pobreza extrema por ingresos entre los meses de febrero y mayo de 2020 debido a la pérdida de empleos y los consiguientes ingresos que se han registrado por el paro de la economía.

Lo anterior implica que entre febrero y mayo el número de personas en condición de pobreza extrema por ingreso se habrían elevado de 22 a 38 millones de personas. La buena noticia: el mismo PUED-UNAM estima que el monto mínimo que permitiría a toda esa población al menos asegurar la adquisición de la canasta básica alimentaria es de 450 pesos mensuales, “este monto deberá transferirse a 38 millones de personas y tendría un costo fiscal de 19 mil millones de pesos por mes, que anualizados representa el 3.2 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación de 2020 o el 0.9 por ciento del PIB” es decir, la cantidad es accesible y tiene viabilidad financiera. Desde luego, el problema central no está resuelto, se soluciona lo inmediato, lo más grave; la posibilidad real de que haya hambre en el país; pero la pregunta y preocupación central de Juan Ignacio Paulino Ramírez, el Nigromante, como el dinosaurio, los pobres, continúan ahí.

¿Qué hacemos? quizá sea momento de mirar nuevamente hacia los planteamientos del economista argentino (Tucumán 1901-1986) Raúl Prebisch, figura central en la creación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la CEPAL. Desde ese organismo Prebisch construyó el concepto de centro-periferia: en esta lógica, el centro expresa ventajas pronunciadas en el campo tecnológico, en la productividad de la mano de obra, en el avance científico y tecnológico. En cambio la periferia se encuentra siempre rezagada tecnológicamente, en productividad de la mano de obra, en ingreso por persona.

Para enfrentar esta adversidad económica, el pensador argentino afirmaba que la única ruta era: “la industrialización de los países periféricos… es el único medio de que disponen para ir captando una parte del fruto del progreso técnico y elevando progresivamente el nivel de vida de las masas”. Prebisch con agudeza y visión de futuro remataba que: “la práctica de la justicia social requiere una fuerte tasa de crecimiento, así como sabiduría en la política distributiva” Para alcanzar este enfoque binario crecimiento-distribución se requiere, de manera fundamental, educación de excelencia, esta que ha alcanzado la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, institución que a pesar de la grave y severa crisis económica que enfrenta el país, es capaz de continuar creciendo en excelencia académica e infraestructura, en lo inmediato lo prueban dos hechos: la Torre de Posgrados, próxima a concluirse y la puesta en marcha de la Preparatoria siete con sede en Ixmiquilpan.

La educación media superior y superior son la palanca para alcanzar el tan añorado desarrollo. Lo absurdo es que se le reduzca el presupuesto a las universidades públicas, a la investigación y, en el colmo, se acuse a los investigadores de corruptos.

La ruta para alcanzar el crecimiento y el desarrollo pasa necesariamente por una educación de excelencia, por investigación que permita responder con agilidad y mejores reflejos científicos y sociales a temas de vida o muerte como la pandemia, que tiene hoy a México como el cuarto país con más muertos en el mundo. ¿Qué hacemos para enfrentar la llamada nueva realidad? la pandemia, los nuevos pobres, los millones de desempleados; casi 12 millones 500 mil, de acuerdo con los últimos datos de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo. Se trata de trabajadores por cuenta propia, es decir, no son trabajadores de la economía informal. Fuente: Ricardo Raphael, El Universal. Asimismo, de acuerdo con el IMSS, en el mismo periodo se perdieron un millón 30 empleos formales. Una gravísima tragedia. Por lo anterior, no es de extrañar que el país, de acuerdo con Forbes, está por perder, el llamado “grado de inversión”. La nueva realidad, este túnel oscuro, largo que no da respuestas, que no le gusta la libertad “el libre intercambio de información e ideas es la savia de una sociedad liberal” (“Carta sobre la justicia y el debate abierto”). Esta crisis, que amenaza en ser la peor en los últimos 100 años, nos obliga a discutir, reflexionar, a buscar acuerdos. Nos esperan millones de Nigromantes, les urge respuestas.

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