El género de la ciencia ficción no es para diletantes ni advenedizos. Quien se atreve a escribir debe conocer sus reglas, que están lejos de ser arbitrarias. Dentro de su microcosmos, la lógica del relato debe funcionar, ser verosímil aún si hablamos de un mundo que no existe. Por eso es difícil resistir la tentación de sumergirnos en el periplo interestelar de El noveno pasajero de Víctor Valencia, primera entrega de un experimento narrativo que a partir de este domingo y de manera periódica publicaremos en este Maldito Vicio. Viaje espacial con humor microbusero, que nos hará imaginar cómo se vería una nave con peluche rosa en el tablero a punto de entrar a un agujero de gusano para llegar en chinga a la constelación Atún. Bienvenidos sean a este acid trip cósmico.

–¡Ateeención!– gritó el marciano.
La tripulación se puso de pie con saludo marcial, la puerta deslizable de acceso al puente de la nave expulsó un golpe hueco, similar al que hace la nariz de un capitán chocando contra una puerta deslizable reacia a cumplir su sino, seguido de memorándum redactado en galáctico bajo con destinatario a Gaia. El interfono sonó como si quisiera aclararse la garganta.
–Ññññ, esta puerta ya debería estar arreglada kggh.
–Lo está capitán– respondió el marciano oprimiendo el interfono–. Solo debe levantarla y deslizarla un poco kggh.
–…
–Hacia arriba capitán kggh.
Una gabardina negra en volandas se escabulló en el umbral de la puerta deslizada de súbito, la tripulación en el puente continuaba en firmes.
–Muy bien Ññññ, hagámoslo de nuevo para impresionar a los nuevos kggh.
–A su orden capitán Zurk kggh. ¡Descansen!– la tripulación descansó. –¡Ateeención!– la tripulación atendió.
Zurk entró en el puente con zancadas decididas, las manos entrelazadas a la espalda, la gabardina negra de lür recién comprada, la barba crecida de tres días que le daba un aire de rudeza y el puente nasal que hizo a Ññññ añorar la arena de su planeta natal.
–Relájense, por favor, no hay necesidad de formalismos–, la tripulación se relajó.
–Caballeros, damas y androide…
–Robot– corrigió el robot.
–…partimos de inmediato de Espur a un nuevo trabajo que pone en riesgo la integridad galáctica y la existencia de la civilización, por lo que las formalidades y el convivio de presentación de los nuevos integrantes quedará pospuesta. (Guarde esos gorritos Ññññ). Nuestros empleadores intervinieron comunicaciones imperiales que delatan su búsqueda de una nueva arma para mitigar agitaciones civiles, ubicada en Vogt, planeta en los lindes de la espiral sursureste-radialZ2. El trabajo es claro: debemos llegar primero y apoderarnos de tal arma, o en su caso destruirla, o evitar que el naciente imperio la consiga, o si la consigue robársela, y si no podemos robarla tenemos que destruirla de manos del imperio, caso contrario negociar, lo que sea necesario. Tan claro como eso. Bueno humanos, marciano y autómata…
–Robot –corrigió el robot.
–…¡vámonos!
El puente bulló en actividad simultánea. El robot MAIA comprobó el estado de la nave en un panel, el nuevo integrante Veme Ophisboi activó la nanocafetera, Beatriz Nova continuó limpiando el ventana principal de la nave con un holotrapo, Raimon Buendía abrió una caja de herramientas y continúo comiendo su sándwich, Kovalsky estaría afinando los lásers en las entrañas de la nave, Ññññ ahuecó serpentinas y platos autodesechables en un compartimento para depositar los gorritos, la pilota Lucas Habladora del Cielo insertó una nanollave en la ranura de encendido, intentó con otra y luego otra del llavero hasta dar con la adecuada, presionó un pedal digital y giró el interruptor, la nave cobró vida con una sacudida.
Zurk mantuvo la rectitud con la mente tan lúcida como su nariz. Luego nadie se movió.
–Pues vámonos.
–Disculpe capitán– dijo Luca desde su ergoasiento, –¿dónde queda Vogt?
–En los lindes de la espiral sursureste-radialZ2, como mencioné.
–Sí, bueno, nuestros mapas registran 10 millones de planetas en la zona, la mayoría aún sin catalogar, si pudiera ser 9 millones 999 mil 999 veces más exacto nos ahorraría mucho tiempo.
La mirada de Zurk era tan fría como los sempiternos glaciales de Bon. Olvidó preguntar la dirección, pero debía mantener la calma ante su tripulación y no vacilar y, sobre todo, no regresar a solicitar nuevas instrucciones, eso lo desacreditaría. Entonces…
–Tengo un primo que vive por ahí– dijo Raimon con lechuga entre los dientes. –Podemos visitarlo y le preguntamos.
La galaxia te bendiga.
–Tomamos la puerta estelar Nomos 1548, de ahí en agujero de gusano hasta la constelación Atún, luego un hipersalto hasta Nomos 2845 y esa puerta nos deja como a 20 o 23 pársecs de Rugt, donde vive mi primo, no hay pierde– Raimon remató el itinerario con lo último de su sándwich.
–Perfecto. Gracias Buendía. ¿Habladora del Cielo?
–Listo capitán.
Con un pitido agudo e intermitente al activar los retropropulsores terciarios, la nave salió del hangar clandestino con la suavidad de un tren de aterrizaje recién aceitado y unos neoneumáticos tan inflados que apenas fue perceptible el robot de mantenimiento que se interpuso en su camino. Los propulsores principales iniciaron el despegue, una antena de hiperonda no soportó la sacudida y se desprendió.
La nave de metal bruñido recién lavado, retrayendo el tren de aterrizaje y con el rótulo “Me vez y sufres IV” en elegante letra cursiva a la punta exterior de la ventana principal, comenzó a abandonar Espur, tomando rumbo hacia Vogt en los lindes sursureste-radialZ2 de la espiral galáctica, pero primero hacia la puerta estelar Nomos 1548, de ahí en agujero de gusano hasta la constelación Atún, luego hipersalto hasta Nomos 2845 y a 20 o 23 pársecs de Rugt, y ahora sí Vogt, para salvar a la civilización humana de la amenaza del imperio creciente.

Pirómides (fragmento)
Terry Pratchett*

El mayor matemático vivo de todo el Disco –y, de hecho, el único matemático de todo el Viejo Reino–, se estiró perezosamente, contempló su aprisco y empezó a contar las briznas de paja sobre las que dormiría.
Después calculó el número de clavos que había en la pared. Después invirtió unos cuantos minutos en demostrar que un campo de resonancia automórfica posee un número semifinito de ideales primos indeterminables.
Cuando hubo terminado decidió que volver a masticar el desayuno sería una buena forma de pasar
el tiempo.

*Amante de la
ciencia ficción,
cafeinómano
empedernido y
simpatizante
indiscriminado
del chocolate.

*(Beaconsfield, Inglaterra, 1948-Salisbury, Wiltshire, Inglaterra, 2015)
fue un escritor británico de fantasía y ciencia ficción. Fue nombrado Oficial de la Orden del Imperio Británico, y es Doctor Honoris Causa por las universidades de Warwick y Portsmouth. Es conocido fundamentalmente por su serie Mundodisco de la que lleva escritos más de 35 libros.

 

 

 

 

 

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