El Nueve Ninguna se Mueve es una convocatoria que aparentemente polariza opiniones, pues nadie con un mínimo de sensibilidad social puede ignorar que la violencia en contra de las mujeres está escalando, la impunidad y las medidas tomadas hasta el momento solo han dado permiso para agredir y matar a mujeres sin importar edad o condición social. Esa situación obliga a medidas extremas y pacíficas, en el fondo, muchas mujeres estamos convencidas de hacer eco a la convocatoria El Nueve Ninguna se Mueve, solo que nuestras condiciones son distintas.

Acorde a nuestra convicción algunas mujeres faltaremos al trabajo, otras pueden estar convencidas, pero sus condiciones como proveedoras de sus hogares no les permite prescindir de un día de salario porque se pone en riesgo la comida o pago de servicios públicos o cobertura de pasajes o el pago de la renta u otra necesidad familiar, ellas desearán unirse a la convocatoria, pero no podrán. Así la convicción y empatía por la causa queda agredida por la situación económica, recordemos que el 41.

9 por ciento de la población en nuestro país fueron ubicados como pobres, a nivel de hogares, los más pobres tienen jefaturas femeninas especialmente los hogares extendidos, es decir, donde cohabitan una familia nuclear con otros integrantes (primos, primas, abuelos, abuelas, etcétera). (Coneval, 2016).

Tales cifras nos dicen que la mitad de los hogares mexicanos están luchando por resolver el abasto día con día, por tanto, esos hogares con sus mujeres se saben vulnerables y quizá tengan ganas de unirse al paro femenino, pero hacerlo incrementa su vulnerabilidad social y económica. La otra vertiente que convoca a tomar los espacios públicos para posicionarnos no está reconociendo que desde siempre hemos permanecido en todos lados, solo que ya no queremos sentir miedo.

Esa aparente divergencia hace distinguirnos en nuestras diferencias y posibilidades, pues algunas con su esfuerzo y recursos cimentaron condiciones para ser menos vulnerables, tienen trabajos con ingresos por encima del salario mínimo, viven en una casa donde se sienten seguras, no transitan largos tramos en las calles y tampoco usan el transporte colectivo, ellas han realizado enormes esfuerzos para que sus descendientes y las personas bajo su cuidado tengan transporte privado. Eso las hace privilegiadas, porque junto con su familia han construido burbujas de seguridad que les permiten continuar con sus vidas para enfrentar otros desafíos.

La convocatoria El Nueve Ninguna se Mueve es por aquellas mujeres que todos los días deben transitar por espacios públicos que las exponen a la agresión, por las jóvenes que por su edad y condición de género están expuestas a ser sustraídas para arrollarles su voluntad y su cuerpo, por aquellas mujeres cuya pobreza no les permite rebelarse ante la injusticia de sus jefes y compañeros de trabajo, por las madres, esposas o hijas que han sido traicionadas por sus familias-verdugos, por las valientes mujeres que se atrevieron a denunciar y fueron desamparadas por los funcionarios públicos y las instituciones, por todas quienes no pueden construirse una burbuja de seguridad.

El Nueve Ninguna se Mueve lo asumo como el derecho a faltar a mi trabajo por convicción a una causa social que invita a la otra parte de la humanidad a asumir su responsabilidad como generadores de violencia, las mujeres no necesitamos permiso para decir “ya basta”, tampoco queremos ese “apoyo” que otorga palmadas en el hombro acompañada de palabras, pero carente de acciones concretas; necesitamos voluntad de la contraparte para cambiar las cosas, pues la violencia que más nos acecha es la que vivimos en lugares y personas conocidas.

Las mujeres iniciamos el cambio cuando rompimos el silencio, necesitamos que los hombres asuman la responsabilidad de sus creencias y acciones, porque al final del día la violencia en cualquier expresión nos daña a todas y todos. Entonces la causa de El Nueve Ninguna se Mueve es de mujeres, de hombres, de una humanidad en paz.

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