El nuevo estadio

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CARLOS SEVILLA
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Fue un sábado de julio de 1992 por la tarde, confirmado en la pálida memoria, que el entonces gobernador del estado Adolfo Lugo Verduzco anunció, en llamado telefónico: “Habrá nuevo estadio de futbol en Pachuca; se analizan variados proyectos”.
Apenas los Tuzos habían conquistado su regreso a la primera división, tras 19 años de ausencia, al vencer a Zacatepec. Necesitaban otra casa donde jugar; el estadio Revolución ya parecía superado como sede, pese a románticas nostalgias de incontables aficionados.
Se conocía que el mandatario era más que identificado con el balompié y que incluso había sido parte del América.
Luego tendría que decidir: deporte o su carrera de abogado.
Optó, en la difícil alternativa, por la segunda. Su decisión fue correcta. Así lo demostraron sus logros.
Interrogado en la búsqueda de detalles, dejó escapar tenue risa, entendiendo la solicitud del reportero, pero no cedió terreno, pese a su proverbial gentileza: “El coso será de moderno diseño, atractivo, funcional. Pronto lo haré público”.
Y tras breve silencio, como lo que dura el chasquido de una botella de sidra para celebrar, atajó: “Ya está usted enterado. Fue grato saludarlo. Buen fin de semana”.
Si lo fue.
Fue hasta el martes 14 de julio en que el gobernante, originario de Huichapan, anunció el proyecto.
Refrendó que habría obra, pero que para entonces no se podía determinar ubicación y aforo.
“Correspondemos así al entusiasmo de la afición, demostrado en la reciente final por el título de la segunda división.”
Sobre la permanencia del equipo, en ese entonces Lugo Verduzco declaró: “He platicado con el señor José Luis Villuendas, quien encabeza a la directiva. Nunca me ha manifestado que hubiera el menor intento de buscar otra plaza. He encontrado en él a un hombre emprendedor que persigue forjar un Pachuca de calidad. Por eso, al igual que todos los seguidores de los Tuzos, estoy seguro que se mantendrán en la capital del estado”.
Al referirse al estadio Revolución Mexicana, precisó: “Está ya en la misma ciudad sin posibilidades de crecimiento horizontal. No es nada factible que se incorporaran zonas de estacionamiento; está coptado por el céntrico entorno”.
Meses después se ubicaría el espacio para la construcción del nuevo coso.
Hacia el sur, en una salida natural a la Ciudad de México, pero no por eso menos accesible a los aficionados.
Se estimó un aforo para 25 mil personas, independientemente de zonas de palcos.
Se difundieron maquetas, con un consenso general de aprobación.
Los trabajos se ejecutaron en tiempos previstos. Lugo Verduzco estaba muy al pendiente.
Al concluirse, se especuló en un partido de corte especial. Se enlistaron nombres de conjuntos nacionales e incluso extranjeros que podrían ser escogidos contra el anfitrión Pachuca. Sería una fecha especial.
Por fin, se anunció que serían los Pumas de la universidad los que disputarían ese histórico encuentro inicial.
Y así fue.
La inauguración ocurrió el 14 de febrero de 1993. Había entendible expectación y, paralelamente, un legítimo orgullo de la afición de casa.
El encuentro lo ganaron los visitantes, dos a cero. El primer anotador fue Jorge Santillana.
Y de ahí en adelante.
Pasado el tiempo se dieron algunas reformas estructurales, en un escenario de vista privilegiada en todos los ángulos para los asistentes.
El equipo ha transitado, desde entonces entre privilegios de campeonato y, también, en algunas temporadas, altibajos, pero se sitúa, en lo general, entre lo más selecto del balompié nacional, aderezado con instalaciones relacionadas con el deporte y la consagración internacional de figuras del futbol.
Sueño cumplido de Adolfo Lugo Verduzco quien hoy, seguramente, en sus momentos de reflexión considerará que el estadio Hidalgo, nombre oficial, llegó al estado como la buena música: para quedarse.

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