Escuchar que el presidente Obrador plantea la construcción de una nueva forma de conducción de los asuntos del país, debe alegrar a las mayorías.

Hablar sin rodeos sobre la necesaria reorientación en los criterios gubernamentales para llevar al país por diferentes senderos económicos y sociales, no es poca cosa.

El quiebre del régimen logrado el pasado primero de julio a eso obliga. Sacar al país de los criterios impuestos desde otras latitudes, solo pensando en beneficios, también para otras latitudes, es una urgencia.

Los modelos o recetas elaboradas para alcanzar el desarrollo de una nación se coincide en que nunca han existido. Cada nación, como cada individuo, es única e irrepetible. Y justamente es lo que los “modelos” han pretendido ignorar. Pero, en tanto, nos tardamos en tomar conciencia del daño que nos causan con sus recetas, los saqueos transexenales casi le llegaron a la médula al pobre país. Se robaron casi todo, pues nuestro gobierno, en los últimos 30 años, como bien lo explica el presidente, fue diseñado para facilitar los robos. Nunca hubo una sola acción del antiguo modelo de propiciar el avance social y económico de las mayorías de mexicanos. ¡A puro robar se la llevaron!
¿Y como será el nuevo modelo mexicano?

Pues me lo imagino diametralmente opuesto a lo que nos han hecho vivir esos hijos: 1. Que fortalezca el consumo interno, mejorando salarios y reactivando al campo y a la micro industria; 2. Frenando los nefastos hábitos consumistas y modificando la esencia de las instituciones para que esas ya no sean promotoras de lo malo; 3.

Frenando la impunidad y la corrupción; 4. Hacer gobierno con los aptos, aunque no sean adeptos; 5. Justicia y equidad con las regiones del país. Jalar hacia adelante a las regiones rezagadas, con la gracia de las más desarrolladas; 6. Estandarizar en todo el país la calidad de la educación, la salud, la infraestructura, los servicios gubernamentales, impulso definitivo y real a la participación social en la observancia y ejecución de los recursos públicos; 7. Democracia real, revocación de mandato, partidos financiados por sus afiliados, demostraciones públicas de resultados en todas las instituciones; 8. Renacimiento de los modelos productivos comunitarios y su respeto y apoyo gubernamental; 9. Alianzas y tratados comerciales con países de similar desarrollo al nuestro; 10. Atención prioritaria a la autosuficiencia energética, alimentaria y tecnológica; 11. Dar marcha atrás en las concesiones otorgadas a mineras, hidrocarburos, playas, autopistas, bancos, etcétera; y 12. Escuelas dignas, universidades formadoras de competentes e investigadoras, empleos también dignos, cada profesionista empleado en su campo, atender de fondo la deserción escolar y la emigración de jóvenes hacia las grandes ciudades, crear instituciones que dignifiquen a la vejez y que humanicen la acción gubernamental y que enmiende las históricas y deliberadas omisiones del Estado fallido padecido.

¡Uta! La nueva forma que necesita México, como modelo propio y único, casi implica ¡revivir a un muerto!

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