Maricela Zúñiga

Ser alumno y trabajar por ello es una de las ocupaciones permanentes más universalmente reconocidas. ¿Hay oficio más reconocido que aquel que se ejerce por obligación durante casi 10 años de la vida? El estatus de la infancia y luego el de la adolescencia no son ambiguos: los jóvenes son mantenidos todo el tiempo que estén estudiando (Perrenoud, 1991). Esto se hace especialmente visible cuando la ambigüedad se acentúa en las proximidades de la edad adulta: la familia, “retira los suministros” a los adolescentes y a los jóvenes adultos que “no se toman los estudios en serio” o que han perdido toda oportunidad –según se cree– de obtener el diploma deseado.

El sistema educativo mexicano, desde la educación primaria a la educación superior, experimenta un crecimiento exponencial desde 1950, que pasó de uno a 36 millones de estudiantes, logrando así prácticamente la escolarización universal hasta el nivel de educación secundaria. Sin embargo, un gran número de estudiantes abandonan la educación media superior y en la actualidad se prevé que solo el 56.3 por ciento de los mexicanos terminen este nivel de estudios (OECD, 2018).

En el ciclo escolar 2019-2020 son 25 millones 417 mil estudiantes de nivel básico los cuales son atendidos por un millón 219 mil 517 maestras y maestros. De manera detallada se habla 284 mil 946 alumnos de educación inicial, 4 millones 773 mil 360 alumnos de preescolar, 13 millones 920 mil 602 de primaria y 6 millones 439 mil 072 de secundaria, que recibirán clases en 232 mil 876 escuelas de las que 198 mil 348 son públicas y 34 mil 528 privadas (El Economista, 2018).

El caso del sistema de educación superior de México es amplio y experimentó un crecimiento rápido durante las últimas décadas. En 1970-1971 había alrededor de 270 mil estudiantes matriculados en 385 escuelas a lo largo y ancho de México. En 2016-2017, esa cifra había aumentado hasta cerca de 4.4 millones de estudiantes (3.8 millones de estudiantes en programas presenciales y 0.

6 millones en programas a distancia o en línea) presentes en más de 7 mil escuelas y casi 38 mil programas (SEP, 2017). El sistema de educación superior mexicano, con 13 subsistemas, es altamente complejo y diverso. Los subsistemas son sustancialmente distintos en cuanto a instituciones, programas, estructuras de gobierno, acuerdos de financiamiento, dependencia gubernamental, calidad, así como intensidad investigadora y docente.

Por la importancia que tiene el significado de ser alumno en el texto El oficio de alumno o cómo tener éxito en la escuela sin sacrificar la juventud, Perrenoud (1991), citó algunos aspectos relevantes sobre esta numerosa población no solo a nivel nacional, sino a nivel internacional. Por ello considera que ser alumno se trata de ejercer un oficio, tener un trabajo, es una manera de ser reconocido por la sociedad, una manera de existir dentro de una organización sin ser conducido constantemente a la búsqueda de finalidades bien claras o, menos aún, a la búsqueda de una eficacia óptima. El autor nos refiere que por lo tanto es un oficio extraño, en primer lugar por no estar retribuido económicamente, sino porque presenta las siguientes características:
-Su elección no es libre, aunque tampoco es muy libre la elección de otros oficios.

-Depende fuertemente de un tercero en sus finalidades, condiciones principales, en los detalles y, de manera notable, en su fragmentación y relación con el tiempo.

-Se ejerce bajo la mirada y el control permanente de terceros no solamente en cuanto a sus resultados, sino en cuanto a sus menores detalles.

-Se encuentra constantemente ante una evaluación de calidades y de deficiencias de la persona, de su inteligencia, de su cultura, de su carácter.

Estos factores inducen a un sistema de trabajo pedagógico cuyos rasgos generales son bien conocidos:
-Fuertes dificultades para negociar con el alumno, teniendo en cuenta las restricciones y los pocos grados de libertad de sus profesores.

-Una carencia permanente de tiempo y de flexibilidad para seguir nuevos caminos, aprovechar oportunidades, responder a una demanda.

-Se recurre de manera permanente a las recompensas, a las sanciones externas, todo para hacer trabajar a los alumnos; esto induce a una relación utilitarista con el trabajo, una relación en función de la nota y de la selección y no en función de lograr dominio en los conocimientos y habilidades.

-Relación bastante burocrática entre maestros y alumnos, cada uno tiene su rol, su oficio, su territorio (Perrenoud, 1991).

Con la anterior información nos permite reflexionar el reto que tenemos como sistema educativo en cómo mejorar la condición de ser alumno en el siglo XXI, caracterizado por una sociedad compleja en el acceso a la información, al conocimiento y en el uso de las nuevas tecnologías dentro de los contextos educativos.

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