Las elecciones de 2018 dejaron ver que los partidos políticos con fuerza nacional, hasta entonces: PRI, PAN y PRD, enfrentaron crisis internas ocasionando que el partido que estaba en el gobierno llegara a tercer lugar; el PAN, que había tenido unas elecciones intermedias relativamente exitosas tuviera un segundo lugar; y el PRD fuera desplazado por debajo del quinto lugar, está casi a punto de desaparecer o convertirse en uno de los partidos pequeños del sistema de partidos en México. Eso frente a Morena, que ganó la elección nacional de manera avasalladora, lo cual le permite tener mayorías en el Legislativo.

Ante esa realidad, el partido que puede lograr ser la oposición a Morena a nivel nacional es el PAN, sin embargo, necesitaría de una restructuración al interior del mismo y recuperar la vida democrática que antes del 2000 lo caracterizaba. Hoy en día el PAN es un partido no solo fragmentado, sino además en las elecciones de 2018 tuvo pérdidas de militantes, unos se fueron con Margarita Zavala, otros con Morena y los menos al PRI; a eso se le suma la actual renuncia del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, que aunque era ya anunciada, hizo pública la noticia que formará un nuevo partido, lo cual puede fragmentar más la militancia panista.

Ante esa necesidad de reestructurarse, el PAN, no solo para fortalecerse al interior, sino para competirle a Morena en las siguientes elecciones, lo que mostraron los resultados de su elección para la dirigencia nacional fue la posible continuidad. La elección que fue llevada a cabo el pasado domingo 11 de noviembre tenía dos candidatos: Marko Cortés y Manuel Gómez Morín. El primero representa la corriente encabezada por Ricardo Anaya, fue uno de sus coordinadores de campaña política en estas últimas elecciones; mientras que el segundo candidato, representaba el pasado del PAN, además del rescate de su ideología como punto de partida.

La elección interna del PAN llevó al éxito a Marko Cortés sobre Manuel Gómez, aunque la diferencia fue muy amplia, el candidato perdedor descalificó los resultados electorales y señaló temas que en el PAN no eran comunes antes del 2000 en sus procesos electorales: padrones secuestrados, irregularidades, presiones por parte de los liderazgos, secuestro del partido. Aunque Marko Cortés hizo campaña como el candidato de unidad, cada vez es más común la renuncia de la oposición en ese partido.

Ante esa historia reciente del PAN, aunque habría que aclarar que desde el gobierno de Calderón Hinojosa se observaron prácticas irregulares y autoritarias en sus procesos de elección, para lograr los cambios fuertes que requiere ese partido al interior era necesario un líder alejado tanto de Felipe Calderón como de Ricardo Anaya, un líder que recordará el pasado democrático y glorioso del PAN, un líder que admitiera y fortalecería la crítica, la discusión y la pluralidad, pero lo más importante que garantizará elecciones internas
democráticas.

Por tanto, aunque Marko Cortés no representa el PAN de antaño, ni el regreso a sus principios, tuvo un amplio margen de victoria, lo cual no solo le permite legitimarse, sino además contar con apoyo de la militancia para separarse de Ricardo Anaya, lo cual sería un desafió, pero se convertiría en el liderazgo que necesita ese partido para reestructurarse y ser la fuerza electoral que pueda competirle a Morena en la siguiente elección, un gran reto, veamos si lo logra o solo es la continuidad de un partido que ha olvidado su historia.

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