El pánico a perder el control del Congreso estatal después de más de 80 años de hegemonía absoluta del Partido Revolucionario Institucional (PRI) genera una enorme preocupación en el gobierno priista en turno, porque perderá ni más ni menos que el dominio sobre el presupuesto público estatal, situación que lo pone muy “nervioso”.
Ese “nerviosismo” en las altas esferas gubernamentales se ha traducido en una campaña de hostigamiento hacia los candidatos de oposición, que van arriba en las preferencias electorales de los ciudadanos, a través de acusaciones “fabricadas” en contra de familiares directos de los abanderados, así como una “campaña de miedo” hacia los beneficiarios de programas sociales gubernamentales, a quienes los condicionan que si no votan en determinado sentido, perderán los apoyos.
Lo anterior está tipificado como un delito electoral, sin embargo, en Hidalgo como en el país las autoridades electorales son extensiones del priismo, ya que fueron colocados en esos cargos públicos para “defender” los intereses partidistas de tal manera que carecen de autonomía para asumir decisiones a favor de la democracia. Lo mismo sucede con las procuradurías a escala local como federal, por lo que se han convertido en instrumentos de persecución política.
De tal manera que todo el “aparato de gobierno” está al servicio de la administración y partido en el poder, tanto a nivel estatal como federal. Lo mismo sucede con los medios de comunicación, ya que como su existencia depende de la publicidad oficial (subsidio) que reciben del gobierno, pues están a las órdenes de la “línea” gubernamental dictada en función de las necesidades de la coyuntura que se presente.
Es por esa razón que los medios al servicio de los intereses gubernamentales tratan de confundir de manera permanente a la opinión pública con “chismes”, porque se trata de información no confirmada, sin “fuente”, de “oídas”, con la que tratan de “pintar” a la oposición como los enemigos de los hidalguenses, cuando en realidad el que ha perjudicado al pueblo es el partido que ha gobernado más de 80 años, en los cuales la constante ha sido un bajo crecimiento económico, ausencia de inversiones, endeudamiento público, aumento en el número de pobres, falta de empleo y salarios miserables, lo cual ha sumido en la marginación a la mayoría de las comunidades de las zonas rurales.
Hoy, al calor de la contienda electoral, sus candidatos prometen que ahora sí están dispuestos a cumplir las promesas de bienestar, de seguridad pública, de inversión para mejorar los servicios públicos como el transporte, agua, alcantarillado, construcción de más escuelas, rescate de espacios públicos para la práctica del deporte y la cultura, incluso prometen bajar los impuestos y cancelar los “gasolinazos”.
Pero cómo se puede confiar en quienes ya “traicionaron” al pueblo, porque fueron el PRI y el Partido Acción Nacional (PAN), a través de sus diputados, los que aprobaron la reforma energética que, entre otras cosas, dio lugar al aumento permanente del precio de las gasolinas; a la reforma fiscal, que aumentó la carga de impuestos a los trabajadores, entre ellos, el impuesto a los alimentos de mascotas, lo cual no tiene madre.
A 16 días de la jornada del primero de julio, la elección presidencial está prácticamente resuelta a favor de Andrés Manuel López Obrador, quien saca más de 20 puntos de ventaja al panista Ricardo Anaya y al priista José Antonio Meade. Con esa amplia ventaja en tan corto tiempo para la realización de las votaciones, resulta poco probable que haya una voltereta súbita en las preferencias, pero Movimiento Regeneración Nacional (Morena) no se puede confiar, porque los “mapaches” fueron soltados.
Quienes se han beneficiado a la sombra de los gobiernos priistas por más de 80 años en Hidalgo se resisten a un cambio en el sistema de cosas, no comprenden que la alternancia política ya llegó a la entidad y que después del primero de julio México e Hidalgo se transformarán para beneficio del pueblo y no de un reducido grupo de privilegiados, que son quienes propalan el miedo entre los electores.
¡No hay que tener miedo al cambio! La historia ha demostrado que el cambio es una condición natural de la vida, de tal manera que el próximo primero de julio los ciudadanos debemos tener en mente si queremos tener gobiernos que nos han “robado” las oportunidades, sueños, bienestar y a cambio han recetado al pueblo carencia de empleos, salarios miserables, corrupción, impunidad, altos impuestos, gasolinas caras, inseguridad pública, hospitales sin médicos y sin medicinas.
Así que el primero de julio los ciudadanos con sus votos, sin duda alguna, cambiarán la historia de Hidalgo, porque hay un hartazgo hacia los gobiernos corruptos, que jamás han visto a favor del pueblo, sino únicamente en beneficio de sus intereses, de hacerse millonarios a costa del pueblo.

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