Papel de plata quisiera, plumita de oro tuviera, para escribir una carta, a mi negra más querida.

La historia del papel puede remontarse al antiguo Egipto, donde se usó el papiro para registrar información. Pero fueron los chinos quienes inventaron propiamente el papel a partir de residuos de cera, paja de arroz, cáñamo y algodón.

Ese fue introducido a Europa a través de España en el siglo X, aproximadamente. El papel dio lugar a la invención de la imprenta en el siglo XV por Gutemberg y con ella se generalizó el uso del libro.

En Mesoamérica se utilizaron varios materiales para la confección de códices, que eran los libros de nuestros antepasados. El material más utilizado fue el papel amate (del náhuatl ámatl, nombre de un árbol), desde el preclásico medio. En la actualidad todavía se elabora el papel amate en el estado de Hidalgo, sobre todo en la región otomí-tepehua, pero su uso se circunscribe a lo ornamental y para la elaboración de ofrendas.

El antropólogo francés Jaques Galinier, uno de los más importantes conocedores de la cultura otomí serrana de Hidalgo y Puebla, explicó que el principio del uso de las figuras de papel amate es animista. Los otomíes creen que todos los seres poseen una fuerza animante viva, a la que llaman nzahki. La gente, las plantas y los animales guardan relaciones recíprocas y los chamanes pueden influir en ellas. Las ceremonias agrícolas se realizaban con el fin de pedir buenas cosechas, y las curas con el fin de sanar. Esas prácticas siguen vigentes en la sierra oriental, también llamada otomí-tepehua.

El papel se obtiene a partir de la corteza del árbol de mora y jonote colorado (ficus spp y morus celtidifolia). Los artesanos recolectan esos materiales en los montes cercanos.

Para hacer el papel se procede a hervir la cáscara en una cubeta de metal junto con un poco de ceniza y cal. Después de tres horas de fuego intenso, se lava con agua. Se coloca en una tablita de madera del tamaño que se quiera el papel y se golpea con una piedra de metlapil rectangular. Se pueden añadir previamente anilinas para obtener diferentes tonalidades, como azul, blanco y amarillo, aunque eso se aplica para el papel que se venderá al turismo.

Sin embargo, como ya se dijo, el papel amate que se hace en Hidalgo se usa principalmente para ceremonias religiosas de origen prehispánico sincretizadas en ocasiones con ritos católicos. Los chamanes recortan figuras antropomorfas que representan ciertas deidades. Esas se colocan en ofrendas, por ejemplo, las que se realizan en el llamado Cerro Brujo (Tenango de Doria) como una petición colectiva de lluvia y buenas cosechas.

Actualmente también se usa como elemento decorativo, ya que en ese papel se pintan hermosos dibujos polícromos, aunque ese trabajo se hace sobre todo en San Pablito, municipio de Pahuatlán, en Puebla (vecino cercano de Tenango de Doria), y en el estado de Guerrero.

Con los golpes, la corteza ablandada por el fuego se aplasta hasta hacerse muy delgada, de un grosor y tamaño uniforme. Se deja secar y se retira de la tabla, obteniéndose así el papel amate. Actualmente, en comunidades como El Aguacate (Tenango de Doria) varias personas lo elaboran y lo llevan a vender a San Pablito. También lo venden en San Bartolo Tutotepec a las santaneras (mujeres de Santa Ana Hueytlalpan, municipio de Tulancingo), quienes lo venden con otras yerbas para hacer limpias. Las hojas pequeñas de aproximadamente 12 por 20 centímetros se hacen en cinco minutos cada una, aparte del tiempo que lleva hervir la corteza y secar el papel.

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