Elsa Ortíz Ávila

En México, la iniciación sexual se ha mostrado cada vez más precoz. Según datos de la Encuesta Demográfica Retrospectiva (Eder-2017), la edad mediana en el momento de la primera relación sexual de las mujeres nacidas en los años sesenta era de 19 años; mientras que, entre las nacidas 20 años después disminuyó a 18 años. En el caso de los hombres, la edad mediana de la primera relación sexual es de un año menos que el de las mujeres, para las cohortes de nacimiento antes mencionadas.

La conducta sexual y reproductiva de los adolescentes se ve estrechamente afectada por su contexto social, cultural, económico y su percepción del bienestar psicosocial y emocional. Por ello, se puede considerar que, si la actividad sexual empieza a edades cada vez más más tempranas se pueden desencadenar diversos riesgos, relacionados con un uso inadecuado de su sexualidad; lo cual está estrechamente asociado a la ocurrencia de embarazos en la adolescencia y de infecciones de transmisión sexual a temprana edad.

Conforme a los datos obtenidos con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid-2018), la tasa global de fecundidad adolescente se ha mantenido estable en los últimos 10 años. En 2009, la tasa de fecundidad adolescente era de 69.2 nacidos vivos por cada mil mujeres, de entre 15 y 19 años, y se mantuvo estable para el 2018, en 70.6. Una comparación hecha por la división de población de las Naciones Unidas para los países latinoamericanos establece que México se encuentra entre las naciones que tienen tasas de fecundidad adolescente por encima del promedio de la región.

Según la Eder-2017, tan solo el 10 por ciento de las mujeres nacidas en la década de 1970 había usado un método anticonceptivo, por primera vez, a los 20 años; ese porcentaje aumentó a 20 por ciento entre las nacidas en la década de 1980.

El panorama es más desalentador cuando se observan los datos de los hombres. Tan solo el 6 por ciento de los nacidos en los años 60 había usado un método anticonceptivo, por primera vez, a los 20 años; mientras que, aumentó a 16 por ciento, para los nacidos en los años 80.

Resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut-2018) revelan que el 25.6 por ciento de las adolescentes, de entre 12 y 19 años, no utilizaron en su primera relación sexual algún método anticonceptivo para evitar embarazos o infecciones de transmisión sexual, de ese porcentaje, el 7.3 por ciento se debe a que no conocían los métodos anticonceptivos, no sabían dónde obtenerlos o cómo usarlos, o no creyeron que pudiera darse el embarazo.

Respecto a los hombres de entre 12 y 19 años, el porcentaje se reduce a 13.9 por ciento. Casi un 3.3 por ciento se debe a que no conocían los métodos anticonceptivos, no sabían dónde obtenerlos o cómo usarlos y no creyeron que pudiera darse el embarazo durante la primera relación sexual.

De esa forma, tanto el rejuvenecimiento del calendario de la primera relación sexual como la estabilidad en las tasas de fecundidad adolescente en México, se pueden interpretar como un desafío para el país; el cual plantea la necesidad de dotar de educación sexual integral y de servicios de salud sexual y reproductiva gratuitos para los adolescentes.

Entre los contenidos a proveer sobre educación sexual para el adolescente están los beneficios del uso correcto de métodos anticonceptivos, ya que se ha identificado que sobresale la desinformación o las malas prácticas anticonceptivas entre la población joven. Además, el uso de métodos anticonceptivos es la principal estrategia para evitar embarazos prematuros o infecciones de transmisión sexual.

Datos de la Ensanut-2018 indican que el 30 por ciento de las adolescentes de entre 12 y 19 años no conocen el uso correcto de los métodos anticonceptivos para la prevención de enfermedades de transmisión sexual; mientras que los hombres de entre 12 y 19 años ese porcentaje aumenta al 40 por ciento.

Buscando estrategias para que el uso de métodos anticonceptivos sea consistente, habría que facilitar a los adolescentes el acceso rápido y fácil a los profesionales de la salud que les puedan asesorar con el uso correcto de estos métodos y que los puedan orientar para conocer la importancia de aplicar la vacuna contra el virus del papiloma humano antes de tener su primera relación sexual.

La orientación sexual por parte de la familia, podría representar una de las estrategias más exitosas para la prevención de infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados, por los vínculos tan estrechos entre los miembros que la conforman y lo que idealmente representa; sin embargo, la falta de preparación de los padres para abordar el tema, el contexto social y las relaciones familiares, aunados a la inadecuación del sistema educacional para dicha preparación, dejan a los jóvenes expuestos a informaciones distorsionadas e incompletas respecto a la sexualidad y a la anticoncepción; lo que hace necesario incluir información sobre métodos anticonceptivos en los contenidos curriculares educativos.

Además de los factores antes mencionados es necesario dedicar esfuerzos al desarrollo de objetivos y metodologías uniformes y estandarizadas que permitan alcanzar las complejidades que vislumbra a la sexualidad de los adolescentes mexicanos en sus dimensiones: subjetiva y sociocultural.

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