Son cada vez más las instituciones de educación superior que han decidido sumarse al paro convocado para el 9 de marzo, el objetivo del paro es visibilizar la importancia de la presencia de las mujeres en distintas esferas de la vida como la casa, la escuela y el trabajo, y exigir protocolos de atención y prevención de la violencia de género. La idea del paro se sustenta en el hecho de que las mujeres son quienes tienen mayor participación en actividades como los cuidados o el trabajo doméstico y generalmente, sus intervenciones pasan desapercibidas. A lo largo de la historia, los llamados a paro se relacionan directamente con los movimientos sociales, en este caso, la polémica se ha desatado entre los grupos feministas, por un lado, asegurando que las universidades no deberían pronunciarse al respecto y quienes defienden que la universidad tiene la obligación de responder ante las exigencias de la sociedad y de su comunidad.

Si bien es cierto que hemos atestiguado como el capitalismo engulle el discurso feminista y lo transforma a su conveniencia, debemos actuar con cautela ante esa situación: las universidades no se han pronunciado con la intensión de mercantilizar el discurso feminista ni deben hacerlo con la intensión de utilizarlo como un estandarte para potenciar su carrera política (como ya ha pasado y está pasando en el congreso hidalguense).

Con respecto a la movilización estudiantil nos recuerda José Revueltas que la autogestión académica es la “conciencia de lo que es el estudiar y el conocer, no como un ejercicio abstracto y al margen del tiempo y la sociedad que nos rodean, sino como algo que se produce dentro de ellos y como parte de nosotros, en relación y condicionamiento recíprocos”. Debemos entender que nuestras instituciones se encuentran inmersas dentro de un contexto social y dentro de ellas se replican las dinámicas que ya existen fuera de ellas. Asegurar que es necesario atender primero los casos de acoso y negar el derecho al paro, es como asegurar que las universidades deben tener solo un objetivo y enfocarse en él, sin permitir su incidencia en otras formas de resistencia. Es pensar que existen prioridades porque tenemos claro el camino a seguir para la erradicación de la violencia contra las mujeres, lo cierto es que debe ser una lucha diversa.

Es oportuno agregar que no deben parar las exigencias de justicia ante los casos de acoso y violencia contra las mujeres en las universidades, este paro es un pequeño paso en nuestro camino, pero es digno de admirarse como el movimiento feminista ha obligado a las instituciones a movilizarse y ponerse a su altura. Son nuestras instituciones quienes están en deuda con nosotras y deben actuar solo en pro de nuestro bienestar. A la luz de estas nuevas posturas podemos exigir con aún más fuerza que se atiendan los casos de violencia, si nuestras instituciones decidieron pronunciarse, deben mantener una postura coherente y estaremos ahí para demandar su cumplimiento.

Las feministas egresadas de universidades públicas debemos tener en claro que tenemos una deuda con la sociedad, con la institución a la que le solicitamos la admisión y con nuestras compañeras. Debemos ser pacientes, escuchar con atención y entender que no estamos libres de violencia, que hemos sido criadas en un sistema patriarcal que nos oprime sistemáticamente, pero que también nos ha enseñado a pensar en dicotomías y a negarnos el derecho de intentar para equivocarnos. No descalifiquemos la opinión de quienes, como nosotras, portan el estandarte feminista. En esta lucha hay espacio para todas.

La universidad deber ser el espacio donde el saber y la diferencia confluyan y dejen en evidencia que pensar en dicotomías no ha hecho más que reducir el mundo ante nuestros ojos. No solo paran las estudiantes, paran las administrativas, las académicas, las directivas, las del personal de apoyo; mujeres que probablemente trabajan segundos turnos cuidando o siendo amas de casa.

Tomemos este paro, hagámoslo nuestro, resistamos como hemos resistido ante la historia, que faltan más que una serie de comunicados para apagar el movimiento de las mujeres. Hemos movilizado a las universidades todo el país. Compañeras, esto es nuestro.

No nos están dando permiso porque no les pedimos permiso.

Paramos porque merecemos parar, paramos porque queremos parar.

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