Todos los cambios son difíciles y los que vivimos y experimentaremos en los próximos días no serán diferentes. Por eso no resulta extraño que la instalación de la 64 Legislatura local no haya sido un día de campo. Luego de que los 30 diputados rindieron protesta y se eligió al diputado Humberto Veras Godoy como presidente de la mesa directiva para septiembre, comenzaron los desacuerdos, principalmente para la conformación de la junta de gobierno que, luego de la última reforma a la ley orgánica del Congreso local, por primera vez podría ser presidida por una fuerza minoritaria… Y sí, adivinó usted, ahora que es minoría, el grupo parlamentario del PRI quiere mantenerse a la cabeza de la junta de gobierno aun cuando la bancada de Morena ganó 17 de los 18 distritos de mayoría. A través de un boletín, la bancada morenista expresó que “mediante argucias legales y chantajes”, se pretende imponer, con influencia del Ejecutivo estatal, una reelección en la presidencia de la junta de gobierno, concretamente a través de la diputada priista María Luisa Pérez Perusquía. Como fue ampliamente expuesto en este mismo espacio, ese repentino afán democrático al interior del PRI, que se concretó en la reforma llevada a cabo en la recta final de la pasada legislatura, finalmente quedó expuesto en la sesión celebrada ayer. El choque entre dos formas de ver la política llegó para quedarse y las instituciones de la entidad tendrán que resolverlo. Así funcionan las democracias y qué bueno que en Hidalgo comience una nueva etapa. De filón. Y en ese mismo sentido, hoy le toca al gobierno de Hidalgo entregar al Congreso local el segundo informe de la gestión de Omar Fayad. La pregunta es: ¿veremos al gobernador frente a un Congreso en total efervescencia política?

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