El patrimonio rupestre del estado de Hidalgo, un legado único

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carmen lorenzo

El patrimonio cultural, tangible e intangible, se encuentra en muchos casos en peligro de desaparecer, ya sea por causas naturales o humanas, lo que resulta grave, ya que una vez perdido no se puede recuperar. El patrimonio rupestre es quizá aún más frágil y vulnerable, sobre todo, porque no existe una legislación en México que lo proteja. Este patrimonio es un legado de los antiguos grupos humanos que dejaron plasmadas sobre la piedra sus formas de concebir el mundo, es decir, la gráfica rupestre se manifiesta en pinturas y en petrograbados.

En el estado de Hidalgo, la gráfica rupestre se localiza principalmente en lugares abiertos, como peñas y abrigos rocosos, y en pocos al interior de cuevas, casi siempre en asociación a alguna fuente de agua, sea arroyo, río, lago o laguna. Podemos encontrar gráficas rupestres en casi todo el estado, excepto en la porción norte de la Sierra Gorda y nororiental de la Huasteca. Existe una amplia distribución sobre todo en el Valle del Mezquital, en los municipios de Huichapan, Alfajayucan y Tecozautla, y en las Sierras Baja y Alta, en los municipios de Metztitlán, Metzquititlán y Zacualtipán. Los motivos rupestres presentan básicamente dos colores: el blanco y el rojo, aunque eventualmente podemos observar policromía.

Las escenas que se muestran son sobre todo de cacería, en las que un cazador con arco y flecha apunta directamente a un venado, además de algunas ceremonias en las que intervienen grupos de danzantes y músicos, también son frecuentes elementos astronómicos como soles, lunas, estrellas y constelaciones, y el registro de algunos eventos como la explosión de una supernova, en el sitio arqueológico Xihuingo en Tepeapulco. Los animales más representados son venados, serpientes y mariposas.

En cuanto a su interpretación, cuando se habla de pinturas rupestres pensamos en una antigüedad de miles de años, como las de Altamira en España (de hace 30 mil años aproximadamente), pero las del estado de Hidalgo son relativamente tardías, es decir, del último periodo antes de la llegada de los españoles que se ha llamado Posclásico, cuando después de la caída de Tula a mediados del siglo XII, grupos nómadas cazadores recolectores comandados por el caudillo Xólotl aprovecharon esa situación de caos para ingresar a territorio mesoamericano. En su paso por el actual estado de Hidalgo se refugiaron en abrigos rocosos y ahí plasmaron elementos de su propia cosmovisión.

¿Por qué es importante conservar este patrimonio? Principalmente porque es el único elemento cultural material que los cazadores recolectores dejaron de su existencia, ya que no construyeron templos ni elaboraron cerámica. La gráfica rupestre nos permite también identificar las relaciones que mantuvieron estos grupos nómadas con aquellos sedentarios, sobre todo con los otomíes con quienes establecieron alianzas matrimoniales y políticas, además de la forma en la que se organizaban social y económicamente y el tipo de ceremonias rituales que practicaban.

Por desgracia, en los últimos años el patrimonio rupestre se ha visto afectado por la depredación, el vandalismo y el abandono. Para conservarlo debemos plantearnos políticas públicas que incidan directamente en la legislación que permita su protección, además de proponer medidas como planes educativos para concientizar a la población acerca de su importancia, la creación de parques culturales con gráfica rupestre, programas comunitarios para el manejo y preservación de estos sitios y declaratorias de patrimonio cultural de la humanidad ante la UNESCO, entre otros.

El patrimonio rupestre es un legado único que debemos proteger y conservar para el conocimiento y disfrute de futuras generaciones.

Fuente: Carmen Lorenzo Monterrubio. (1991, 1992). Las pinturas rupestres del estado de Hidalgo. Tomo I y II. México: Instituto Hidalguense de la Cultura.

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