La libertad de expresión es como muchos otros ideales.

Hace unos días Julian Paul Assange, fundador de Wikileaks, una empresa dedicada a la difusión de información a través de las modernas tecnologías de la información, fue detenido por la Policía británica. Se encontraba en calidad de asilado en la embajada ecuatoriana en Londres, Inglaterra. El gobierno ecuatoriano otorgó el aval a las autoridades para que detuvieran al australiano, que se encontraba en ese lugar desde 2012.

El pecado de Julian Assange es haber desafiado a Estados Unidos publicando documentos clasificados como confidenciales por el gobierno norteamericano. Con ese acto, Assange fue el primer comunicador de la era de la globalización que rompió con el modelo de control de la información en la era de la sociedad, por excelencia, de la información. El gobierno estadunidense no pudo soportarlo.

El gobierno ecuatoriano de Lenin Serna le otorgó el permiso a la Policía británica para que detuviera a Assange a petición del gobierno de Donald Trump. El presidente de EU se olvidó de la época en la que amaba a Wikileaks luego de que había filtrado información del Partido Demócrata durante la campaña presidencial de 2016 que favorecía al ahora presidente norteamericano.

Dice la revista Expansión que: “Durante su campaña, Trump halagaba rutinariamente a Wikileaks por haber difundido el contenido de las comunicaciones internas robadas al comité nacional demócrata y a la campaña de Clinton. Incluso animó públicamente a los rusos a “encontrar los 30 mil correos electrónicos perdidos (del servidor de Hillary Clinton)”.

Los cambios del presidente estadunidense son explicables. Según Rafael Correa, expresidente ecuatoriano, la eliminación de la cobertura diplomática de que gozó Assange en la embajada ecuatoriana se debió a que el gobierno de Lenin Serna recibió un crédito del Fondo Monetario Internacional por 10 mil 200 millones de dólares. Wikileaks había difundido información sobre negocios del hermano de la familia de Lenin Serna, al amparo del poder.

Según Correa, quien se encuentra asilado en Suecia debido a 21 juicios en su contra del gobierno de Ecuador: “Luego, con la visita del vicepresidente de Estados Unidos Mike Pence (a Ecuador) el año pasado, se acordaron tres cosas: aislar a Venezuela, para lo cual se ha prestado Ecuador; dejar en la impunidad a Chevron (empresa petrolera que opera en Ecuador), también lo hizo, y entregar a Assange, afirmó el expresidente”.

Pero más allá de la información que hemos relatado y que se encuentra en los medios y las redes de comunicación actuales, ¿qué está detrás de la detención de Assange? En nuestra modesta opinión, se trata, entre otros aspectos, de lo siguiente:
En la era de la información y de las modernas tecnologías de la información, la difusión de mensajes en el mundo dejó de ser una actividad sin control. Anteriormente se manejaba a través de las agencias de información tradicionales, así como de los medios de comunicación electrónicos e impresos, como la radio, la televisión y la prensa escrita. Con la revolución ocurrida en las modernas tecnologías de la información, eso dejó, parcialmente, de operar de esa manera en el mundo.

A partir de la revolución en las tecnologías de la información y la comunicación, el poder que ha hegemonizado el mundo después de la caída del Muro de Berlín perdió un poco de la capacidad que tenía de controlar la valoración de los hechos y acontecimientos mundiales debido a la pérdida de fuerza de los medios tradicionales ante la computadora, el celular y, con ellos, Whats, Facebook, Internet, etcétera.

El caso Assange, el pecado, es que con la denuncia que hizo al publicar información confidencial del gobierno norteamericano, marcó un antes y un después de la era de la sociedad globalizada. Surgieron modernos comunicadores sociales quienes más allá de las posibilidades que ofrecen en sí mismos la tecnología y las redes de comunicación digital, han convertido a la tecnología en un medio que compite con el poder en la valoración de los hechos.

La reacción del gobierno norteamericano no pude entenderse de otra manera que el tratar de imponer una sanción ejemplar a los comunicadores de la era de las comunicaciones digitalizadas. Se sanciona de manera ejemplar a quienes no se ajustan a los criterios de excepcionalidad impuestos por el poder para el manejo de las nuevas tecnologías de la información. El mensaje es: no se debe usar información que deslegitime las invasiones del imperio.

Lo que se quiere es que las tecnologías no pasen de servir como medios inocuos de información sin trascendencia, de aquello que ocurre en la vida cotidiana previamente determinada en sus contenidos por la cultura que impone formas de pensar y de conducirse que siguen las pautas de quienes valoran el mundo. Romper con esa lógica es considerada como un delito porque atenta contra los valores que se le han impuesto a la sociedad.

Assange no se ajustó al modelo y ahora tratarán de hacerle pagar su “osadía”.

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