Hoy es el cumpleaños del pequeño Milenito. El amor de nuestras vidas, la ilusión de nuestras esperanzas del amanecer. M lo ve con tanto afecto que el animalito mueve su colita con alegría al sentirse tan querido.

Su tía mamá lo acobija dentro de la bolsa y lo lleva de paseo a todas partes. Desde ella ve al mundo, sintiéndose el rey en el breve espacio de su trono. ¡Qué más puede pedir!, su reino es el universo entero y su corona los dedos que lo acarician por detrás de las orejitas con infinita dulzura.

El Mile, como cariñosamente se le llama en la casa de ustedes, siempre fue muy querido. Desde que llegó, fue la dicha de todos nosotros. Era muy pequeñito, cabía en una caja de zapatos de bebé y desde allí asomaba la cabecita para mirarnos.

M se lo llevaba a Tlaxcala en su mochila a conocer otros ambientes y cultivarse. Él no sabía que era eso de cultivarse, pero le daba igual. Disfrutaba de esos pequeños viajes, asomándose por la ventana del auto sentía, con inmenso placer, el aire en su cara.

Levantando su patita se apropiaba del mundo, marcaba su lugar para decir que estaba ahí. Luego se iba contento de haber cumplido a la perfección la misión que la naturaleza le dictaba.

El Mile se sienta en frente de la puerta de la casa a esperarnos. Ahí puede pasarse horas, como un soldado bien entrenado delante de su garita. Desde ahí sale a recibirnos con alegría y amor.

Al animalito, desde bien chiquito, le gusta el chisme. Es su afición favorita y goza ejercerla como un verdadero profesional. Se ha entrenado con tesón y afán para practicarla con garantía de éxito.

Se sienta delante de la ventana y mira a la calle con ojos alegres, deleitándose de la vida que transcurre más abajo con los trajines propios de la gran ciudad donde transcurren sus afanes.

Hoy le haremos una gran fiesta. No es para menos, es su décimo sexto aniversario. Habrá, por supuesto, chilaquiles –su plato preferido–, carne en trocitos y bien hecha, que es el punto de su preferencia, y de postre el pastel que más saborea.

Va a ser un día de celebración grande para nosotros, pues él es parte importante de la familia y a la familia siempre hay que demostrarle lo que se le quiere con el corazón y los pequeños gestos que la hacen feliz.

No vamos a ser muchos, nomás los próximos, quienes somos muy poquitos. M, la tía mamá y la nana ya andan preparando todo mientras escribo estas palabras. Pronto me llamarán para ayudarlas en cualquier detalle, lo que haré con mucho gusto.

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