En el ocaso de su sexenio, el todavía presidente Enrique Peña Nieto (desafortunadamente) reconoció errores durante su mandato y ofreció disculpas por esos desaciertos, sin embargo, dijo tener la plena creencia de que actuó conforme a la ley, es decir, que no son sinceras las disculpas que ofrece y que simplemente se tratar de un artilugio mediático como lo fue en esencia su gobierno para desgracia de los ciudadanos mexicanos.

Resulta que Peña Nieto, durante una entrevista televisiva difundida la semana que concluye, admite que cometió un error que afectó a su familia, que lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza de los mexicanos hacia el gobierno de la República al referirse sobre el escándalo de la casa blanca de las Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México, cuya existencia fue revelada por una investigación de un grupo de periodistas que laboraban con Carmen Aristegui.

En ese “mea culpa” mediático, el presidente Peña Nieto, cabe destacar, nunca ofreció una disculpa a Carmen Aristegui ni a los periodistas que revelaron la existencia de la casa blanca, escándalo que les costó ser despedidos de la empresa donde prestaban sus servicios profesionales y una ola de persecución a lo largo del sexenio peñista que está próximo a terminar.

Enrique Peña Nieto, en dicha entrevista, mencionó: “Si queremos recuperar la confianza ciudadana, todos tenemos que ser autocríticos. Tenemos que vernos en el espejo. Empezando por el propio presidente de la República. En noviembre de 2014, la información difundida sobre la llamada casa blanca causó gran indignación”.

Añadió: “Este asunto me reafirmó que los servidores públicos, además de ser responsables de actuar conforme a derecho y con total integridad, también somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos y en esto, reconozco que cometí un error”.

Sin embargo, el todavía presidente justificó: “No obstante que me conduje conforme a la ley, este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. En carne propia sentí la indignación de los mexicanos. La entiendo perfectamente. Por eso, con toda humildad les pido perdón. Les reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio e indignación que les causé”.

Lo expresado por el primer mandatario fue simplemente una “pantomima” mediática, porque en el fondo no cree que haya cometido error alguno al asegurar que se condujo conforme a la ley. Seguramente se refiere a que puso a su amigo Virgilio Andrade al frente de la Secretaría de la Función Pública (SFP) para que con plena autonomía investigara el caso de la casa blanca, verdad.

También, Peña Nieto rechaza ser el responsable de la debacle de su partido, el Revolucionario Institucional, en las elecciones del pasado primero de julio y que la candidatura de José Antonio Meade simplemente no funcionó, atribuyendo el monumental fracaso electoral priista al desgaste de gobierno y al “clima antisistémico” que existe en el mundo, según el cual los partidos tradicionales han dejado de tener respaldo.

La realidad es que el fracaso electoral del PRI se explica por la desastrosa administración de Peña Nieto, por los múltiples escándalos de corrupción en los que se vieron salpicados sus más cercanos colaboradores, por la impunidad grosera, por la voracidad y rapacidad de la élite gobernante, por impulsar reformas que únicamente beneficiaron a él y a sus socios, pero que perjudicaron profundamente a la mayoría de mexicanos.

Justamente por esa razón, la mayoría de los ciudadanos decidieron “castigar” con su voto al PRI y al gobierno de Peña Nieto en las pasadas elecciones, al grado de colocar al tricolor al borde de su desaparición después de décadas de partido hegemónico.

Son muchos los saldos pendientes que dejará Peña Nieto, entre ellos, el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la “Estafa maestra”, las millonarias inversiones del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, la reforma educativa, la reforma energética, el asunto de los sobornos de Odebrecht en el que se le involucra presuntamente.

Por lo pronto, Peña Nieto ya recibió su primer revés de parte su sucesor, Andrés Manuel López Obrador, quien en su cara le anticipó que la reforma educativa que impulsó su gobierno “va pa’tras papá”, como diría Emilio Gamboa Patrón.

A partir del primero de septiembre próximo, cuando se instale la 64 Legislatura del Congreso de la Unión se revertirán algunas de las normas impulsadas por Peña Nieto, pero será a partir del primero de diciembre, cuando tome posesión el político tabasqueño, que inicie la recomposición del país y se dé marcha atrás a los proyectos “copetones” salpicados de gel para dar paso a lo que será la cuarta transformación.

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