En la disputa que la burguesía como clase sostuvo con el régimen feudal, en la historia clásica de occidente que nosotros hemos heredado fue establecido como un derecho el de la libertad de prensa. En su versión más conocida, se trata de la emisión de normas que regulan el derecho de los ciudadanos a emitir sus puntos de vista sin que exista censura. Mientras el derecho a la libertad de prensa fue una demanda en contra del régimen feudal, como nunca mantuvieron el ideal libertario de expresar cualquier punto de vista sin menoscabo alguno.

Inevitablemente, bajo la lógica de la sociedad industrial, la libertad de prensa tomó rumbos inesperados. Debido, ente otros factores, al surgimiento de la imprenta y un poco más tarde la fotografía, el descubrimiento de otros mundos, literalmente hablando, los sistemas escolarizados de educación en el siglo XVIII para adiestrar (o en palabras de Foucault para disciplinar) a los trabajadores fabriles y los nuevos miembros de los aparatos administrativos de Estado, así como la consolidación de ciudades urbanas, la democracia y el transporte.

En ese contexto, las hojas que colocaban en esquinas para denunciar al mandatario regio encontraron poco a poco un ambiente propicio para la edición de periódicos diarios de carácter masivo. El surgimiento de la empresa periodística llegó de la mano de la consolidación de la democracia occidental, así como de los poderosos partidos políticos e influyentes gobernantes y por supuesto del interés de empresarios por difundir en medios de comunicación sus productos con el fin de hacerlos llegar a potenciales lectores y consumidores.

La empresa periodística no fue ajena al sentido de toda empresa de una sociedad industrial, la obtención de ganancias. Ese sentido empresarial, con honrosas excepciones, entró en conflicto con la antigua demanda levantada originalmente en contra del régimen feudal al que se había aniquilado. La aparición de los modernos y potentes medios electrónicos de comunicación de masas, completó el espectro de la comunicación de la modernidad clásica y el fortalecimiento del interés empresarial en la rama.

La libertad de prensa tomó poco a poco un rumbo comprensible y no justificable. Los intereses económicos de la empresa de la comunicación no entraron en conflicto con la libertad de prensa. Poco a poco la empresa periodística debilitó su interés por los derechos y las libertades al interponer la ampliación de su capital. De tal manera que la libertad de prensa se relegó a un espacio simbólico como la celebración de ese día marcado en el calendario, pero sin que nada tuviera que ver con la realidad.

La empresa de la comunicación se dividió en categorías e importancia, los medios impresos, la radio, la televisión, entre otros. Lo que hizo que la libertad de expresión también tomara matices distintos, derivado de la importancia de cada empresa, la relevancia que ocupó en cada país o regiones y el mundo mismo con las agencias de noticias, así como aquellas pequeñas y medianas que disputaban el espacio ocupado por las grandes compañías. Las empresas medianas y pequeñas han sido más sensibles a la libertad de expresión.

Los periodistas quedaron atrapados en ese mundo. Me refiero con el término periodista a los empleados de los medios de comunicación, divididos por sus especialidades, encargados de colocar su mirada sobre algún acontecimiento al darle sentido al mismo para traducirlo al lenguaje informativo y significativo noticioso y transmitirlo al público como parte de una cadena informativa que concluye con el lector, escucha o espectador. Fueron los periodistas, quienes llevan a cabo esa labor, a los que les transfirieron la responsabilidad de la libertad de prensa.

Aquí entramos a un punto importante: la autocensura y el periodista. La gran empresa de la comunicación, escrita o electrónica, ha significado un gran retroceso para la información y la comunicación con respecto al derecho del ciudadano a estar bien informado. Generalmente, la gran empresa periodística se autocensura debido a los intereses económicos que prevalecen por encima de los informativos. Sus empleados, los periodistas, en tanto que reciben un salario y trabajan para una empresa, su labor informativa es dependiente de la necesidad de sobrevivir. Ahí mismo se forman los que aprenden a ejercer el periodismo con libertad, a través de múltiples aprendizajes.

Entre periodistas existen jerarquías. Junto al poder empresarial comunicativo de la gran empresa, también surgieron las grandes figuras del periodismo, como resultado de un tipo de sociedad adaptada culturalmente al consumo de información construida a la sombra del poder económico, político e informativo. Se crean figuras que tengan cierta credibilidad ante la opinión pública y, de esa manera, ese “prestigio” fue transferido en forma de aval a la información que difunden en los grandes medios masivos de comunicación. La clave de ello es construir un periodismo, o “comunicación crítica” que los respalde y otorgue “prestigio”, pero sin tocar los resortes claves del poder.

En general, las grandes empresas no arriesgan su capital más allá de la competencia a la que ingresan al incorporarse al mundo empresarial y de la comunicación. En aquellos lugares en donde la compañía periodística es en extremo dependiente del poder político, evidentemente que su fuerza decrece desde el punto de vista empresarial. Existen millones de pequeñas compañías periodísticas, familiares, que luchan día tras día por sobrevivir y salir adelante, que lo hacen de la publicidad política porque prestan un servicio al poder público. Son esas las reglas de su existencia, tan digna como la de cualquier otra gran empresa.

Con el surgimiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y los sistemas computarizados, los centros de poder del que emergen empresas como Google, Twitter, Facebook, entre otras, el mundo se convierte en una gran aldea y la libertad de prensa toma un nuevo sentido, lo que cambia de fondo y forma el ejercicio de la comunicación. Los medios penetran hasta lo más profundo de la sociedad de la que registran su identidad, gustos y preferencias. Permiten en el ciberespacio la existencia de un cierto periodismo crítico.

La libertad de expresión se ha visto acosada ahora en el espacio virtual, en donde han llegado los nuevos aires de la libertad de información. Julián Assange, una figura de esta era, tal vez el más importante y muere lentamente en una cárcel inglesa acusado por el gobierno de Estados Unidos por difundir información considerada confidencial. Requiere que el mundo de la comunicación se una a favor de su libertad, ya expresada por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en nuestro país. Es la mejor manera de celebrar el día del periodista.

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