No juzgues a mi madrina de esa manera, ella, como tú y yo, estaba afectada por la muerte de mamá, sé cuánto le duele. No la juzgues, le cuesta mucho trabajo mostrarlo. Incluso me mandó un mensaje que me hizo llorar. No me acuerdo bien, decía algo de la infancia, de su amistad, del día de su boda.

No, no lo tengo y no te lo puedo mostrar porque lo borré, recibí tantos mensajes esos días. La verdad agradecí que no llamaran, no contesté, aunque fueran números conocidos. Es tan incómodo escuchar un pésame, todas las palabras me sabían tan huecas, que la resignación, que el cielo. Odiaba que hablaran del cielo y mira que cuando llegaron a decirme que seguro a Dios le hacía falta un ángel, sí les terminé diciendo que no se olviden que ya no tengo 10 años, que Dios no puede estar en falta, que se colma a sí mismo, que si tiene una falta es porque él mismo decidió crearla y, si ese fuera el caso, entonces estaríamos absolutamente perdidos, ahora sí, como quien dice, jodidos, porque si Dios creó la falta para sentirla él, pues imagínate qué nos espera a nosotros, que no somos más que su pobre y miserable creación defectuosa.

Pero sí, no les contesté y a quienes decidieron dar ese frágil paso del celular a la funeraria y se pararon a mi lado y me abrazaron, a esos sí que les agradecí, pero créeme, a los mensajes en redes sociales ni siquiera les presté atención, después de ver las manos en forma de oración, las frases blancas colocadas sobre el fondo de palomas luminosas, no, en serio es mucho para mí… Borré todo, cada mensaje, cada imagen, todo, bueno, eso no significa que no los hubiera leído, porque también por mensaje tenía que ir contestando al abogado y muchos de los trámites del velatorio, porque como ya te dije, no contesté el teléfono todos esos días, afortunadamente cada vez hay más gente que no contesta un número desconocido, eso ya nadie te lo toma a mal, ya no estoy muy segura si es por los secuestros o por los call centers.

Pero leí el mensaje de mi madrina, me acuerdo que pensé que ella, a su manera, quería mucho a mamá, la acompañó tantos años, estuvo presente en nuestra vida desde la infancia, recuérdala en las fiestas, en todos los regalos, hasta fue invitada cuando pidieron tu mano.

Fue importante para mamá y creo que no la debes juzgar tan fuerte. Yo te vi cuando llegó al velatorio, tu rostro de desprecio, me dijiste que no podías creerlo, y estabas en serio enojada, yo no te presté atención.

No, no la voy a defender. Pero entiéndeme, no se está burlando de nuestro dolor y de la muerte, la madrina es víctima de su frágil vanidad, ya sabes cómo es. Yo no sé si podría reconocerla sin maquillaje. Entiende que tiene la cara paralizada por el botox, hace ya tiempo que tiene esa horrible expresión, solo que tú no lo sabes porque no vives aquí. Pero créeme que le he visto esa estúpida expresión, incluso cuando le contaba a mamá que el esposo la engañaba con la cocinera. Anda, déjala entrar y que nos consuele.

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