El estado de Hidalgo cuenta con muchos atractivos para el turismo, destacan entre otros el Corredor de Balnearios, las antiguas haciendas pulqueras, su rica gastronomía y por supuesto la ruta de los conventos; y en ese sentido existen agustinos, franciscanos y hasta un dominico. Una buena parte de las cabeceras municipales tiene designada como parroquia, e incluso como catedral, la antigua iglesia de alguna de las órdenes religiosas mencionadas. Destacan de manera notable los conjuntos de Actopan, Metztitlán, Huejutla, Epazoyucan, Tepeapulco, Tula, por lo que encontrarse con un edificio neoclásico, en medio de esos fantásticos conjuntos esparcidos a lo largo de todo el estado, resulta poco menos que extraño.

La ciudad de Tulancingo está rodeada por poblaciones cuyas iglesias datan de los siglos XVI y XVII, por lo contrario, su catedral es un bello ejemplo de arquitectura neoclásica, sin embargo, tiene un alma franciscana, pues el edificio actual fue desplantado sobre los muros de la vieja iglesia construida por los hermanos menores en el siglo XVI. A mediados del siglo XVIII, el conjunto conventual fue secularizado y los religiosos entregaron las instalaciones al clero regular, la iglesia fue nombrada parroquia y fue ampliada para cumplir con sus nuevas funciones.

En 1783, las autoridades locales solicitaron a la recién fundada Academia de San Carlos la realización de un proyecto para la reedificación de su parroquia, insistiendo en que por motivos de economía deberían emplearse los muros de la antigua iglesia. El proyecto fue elaborado por el insigne arquitecto José Damián Ortiz de Castro, quien era maestro mayor de la Ciudad de México y de la catedral Metropolitana. La realización del mismo le otorgó el nombramiento de académico de mérito de la Real Academia de San Carlos en 1788.

Ortiz de Castro, al igual que algunos otros arquitectos de su época, como Castera y el entonces director de arquitectura de la academia el ingeniero Miguel Constanzó, apoyaron el nuevo estilo, el neoclásico, realizando proyectos que embellecieron la ciudad de los palacios y muchas otras de nuestro país.

Ortiz de Castro realizó un diseño con el que por medio de la incorporación dos grandes torres campanario, solucionó la falta de proporción entre la estrechez de la vieja iglesia y la altura proyectada para el nuevo templo. Las torres son cuadradas, están coronadas por pirámides de forma octagonal, rematadas con esferas, poseen una altura total desde el piso hasta los pináculos de 41.30 metros, la segunda torre fue concluida entre 1885 y 1906. El edificio está construido de sólida mampostería y tezontle, su fachada se caracteriza por su sobriedad y sencillez, destaca en ella el amplio frontón denticulado. Sobre el dintel está colocada la imagen de un cordero símbolo de Jesucristo. El templo consta de una sola nave de 58 metros de largo y un crucero de 40 metros.

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