Cristopher Ramírez

Emprendedor, conferencista y escritor

“La política es para las marionetas”. Es la frase que llega a mi mente cuando escucho un diálogo o quieren que comparta mis opiniones sobre política.
Y no es una frase que tache o rechace la política como tal; sino, más bien, al ejercicio de los que trabajan en la política: los políticos, ayudantes, administradores públicos y demás personajes involucrados en la profesión política.
Pero, a pesar de esa idea, la política es algo que debe ser analizado, estudiado y comprendido por cualquiera que busque ser un verdadero ciudadano.
En el día al día, nos movemos entre sistemas de poder que otros han creado. Y “poder” es un término que la mayoría de la ciudadanía no encuentra cómodo, especialmente en la vida cívica. En nuestro sistema democrático, el poder debe residir en el pueblo. Punto. Sin embargo, hablar más profundamente y sobre quién realmente posee el poder puede parecer malicioso.

Pero, el poder no es bueno ni malo, es neutral. Y es la importancia del término “poder” por lo cual analizo lo político. Entender cómo funciona el poder es clave para ser efectivo, ser escuchado y que no se aprovechen de uno.
La política es la forma de aprovechar el flujo de poder en la dirección que se prefiera. Y la elaboración de políticas hace frenar un flujo específico y le da una dirección determinada.

Pero todo eso, ¿qué tiene que ver con las elecciones del primero de julio?
No es secreto que estas campañas electorales no han sido centradas sobre la calidad de propuestas o soluciones para los problemas de la nación; más bien, han estado centradas sobre quien no debería gobernar. Eso ha provocado una división social notable. Y eso es lo peor que puede ocurrirnos en estos momentos.
Frente a estas elecciones y cualquier elección democrática, la unidad de la nación es lo que hace perseverar a la misma frente a cualquier decisión. Es la unidad lo que nos da el poder. Tenemos que recordar que nosotros, los ciudadanos, somos quienes defendemos la nación.
Para crear verdaderas transformaciones se debe de contemplar a un pueblo unido. El problema es que cada quien ve la unidad a su conveniencia; a través del apoyo a cierto grupo o candidato excluyen al resto.
Eso es un error civil gravísimo, ya que si no generamos un sentido de comunidad, ningún líder electo por una mayoría será el correcto. Porque el verdadero líder es líder no solo de la mayoría sino también de la minoría.
Es por eso lector, que sin importar tu postura política, al candidato que hayas apoyado, partido o lo que hiciste con tu voto… no olvides aceptar la responsabilidad que conlleva el elegir a nuestro presidente. ¿Qué quiero decir con eso? Que sin importar quien sea electo, no caigas en el resentimiento y la mala actitud del perdedor, ni a la mala actitud del ganador, ser responsables de a quien elegimos con nuestra decisión.

Porque como digo, el nuevo presidente será el presidente de los que ganaron y de los que perdieron. Tenemos que demostrar el apoyo a nuestro nuevo presidente para llevar a cabo esas transformaciones que busca el país. Después del proceso electoral dejemos las diferencias por nuestras posturas políticas y trabajemos, en ese sentido, de comunidad como pueblo unido.
De esa manera el nuevo presidente tendrá que escuchar a todos, apoyar a todos y no dejar fuera a nadie. Pero si quien termina siendo elegido lleva a nuestro país por una mala dirección, el estar unidos como pueblo –no bajo la ceguera del fanatismo o el temor a aceptar nuestro error– nos dará el poder para hacer válido nuestro derecho de exigirle al gobierno el camino que queremos para el país.

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