Tres temas paralelos que se encuentran hoy en nuestro sistema político mexicano, por un lado la vanidad como aspiración al poder, y por otro lado la visión del político.

Observamos a políticos que atrás de sus discursos e imagen aparece su ambición para engrandecer un sentimiento de prestigio, justificando en cada momento a la legitimidad sobre su participación, sobre su dominio.

Es dentro de los partidos políticos que hoy compiten en procesos internos y externos como parte de la antropología del Estado que deberían plantear las primeras categorías de políticos profesionales creando los escenarios que enmarcan la fuerza de una legalidad para la sociedad.

Pero en la política, como se dice, solo se vive de dos maneras: de la política o para la política, quienes viven de la política hoy son los más comunes, encuentran su sustento económico fácil, efectivo y seguro; mientras que los políticos que han radicado en esa área, su sentido científico es la única forma de vida. Hay otro tipo de políticos, los ciudadanos que constituimos en su mayoría esta representación, quienes ejercemos nuestro derecho al voto o protestamos en una reunión política, hacemos discursos o manifestamos voluntades, la vocación natural donde se ejerce política con pasión, responsabilidad y mesura, condiciones que un funcionario no posee.

Frente a la vanidad y el poder, existen otros elementos que cobran juego, personajes que influyen de manera directa o indirecta, son los periodistas, rodeados de las tentaciones del poder, de las influencias políticas y el capitalismo de la prensa, un político profesional debe responder a las exigencias de una sociedad que reclama información y transparencia sobre los problemas marginales, pero por otro lado las ambiciones que mueven la vida periodística. Entre este equilibrio, el periodista enfrenta tentaciones y consecuencias reales siempre envueltas en la profesionalización de la política.

En torno a todo lo que acontece en México, es imperativo que nuestros gobernantes determinen un trabajo de responsabilidad en sus acciones, así como un principio ético fundamental para la construcción de una sociedad que requiere justicia, México inspira el día de hoy en todas las personas un nuevo sentido de interdependencia pero al mismo tiempo de responsabilidad compartida para el bienestar de todas sus familias, siempre existen grandes promesas pero también están los grandes riesgos como el no poder erradicar la pobreza, el desarrollo económico equitativo, la falta de respecto a los derechos humanos, la democracia y la paz.

¿Usted qué opina?

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