Martín Melgoza Chávez y
Juan Rubén García Lastiri

¡Sabías que! El sistema caótico que vive la cuarta transformación implica internamente una falta de sensibilidad en su discurso, tanto en lo escrito como en lo comunicado; la forma impredecible en que manifiesta su mensaje no está unificando, bajo los criterios consensados, hacia la sociedad en muchos ámbitos de los procesos del sistema político mexicano y esto genera incertidumbre, ya que se observa un comportamiento diferente a las condiciones que conocíamos. Mientras la institucionalidad la sigue conformando el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO), existen dos bandos en el interior de este grupo: los moderados, que empujan una transformación ordenada y sin mayores sobresaltos; y los radicales, que van tras una revolución sin tacto alguno.

En la agenda política del presidente de la República se le olvidó proponer ejes de acción más sólidos para terminar con los fenómenos sociales que suceden en México, como terminar con la corrupción, pero aumenta a los trabajadores del sector público la jornada laboral, olvidando que se requiere que los empleados del Estado tengan más tiempo con su familia para poder educar en casa a sus hijos y convivir en unión, como un principio básico para la enseñanza de valores, como en los países nórdicos. Asimismo, se propone la Ley General de Remuneraciones, donde el presidente de la República se puso un salario y nadie puede ganar más que él, pero no han actualizado el catálogo de puestos del gobierno federal, donde no importan las competencias laborales, sino que impera la recomendación y el amiguismo para estar en el puesto.

Las decisiones del presidente López Obrador, como cancelar el nuevo aeropuerto en Texcoco y realizar consultas ciudadanas para implementar políticas públicas, con los resultados han espantado a inversionistas extranjeros, así lo dijo el periódico The Wall Street Journal (WSJ), y no olvidemos la caída de la bolsa por la amenaza de la bancada del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en el Congreso de la Unión, principalmente de Ricardo Monreal Ávila para reducir y eliminar las comisiones de servicios de los bancos.

La gran molestia fue el sentir en la reunión del futuro comandante en jefe con 32 mil elementos de las Fuerzas Armadas en el campo militar uno, donde el fantasma del desmantelamiento del Ejército y la Marina para nutrir la Guardia Nacional era el tema del encuentro. Rodeado por los secretarios salientes Salvador Cienfuegos Zepeda y Vidal Soberón Sanz, y por los entrantes Luis Sandoval González, en la Sedena, y José Ojeda Durán, en la Semar; además de la titular de la Secretaría de Gobernación (Segob) Olga Sánchez Cordero y de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) Alfonso Durazo Montaño, el presidente dijo confiar en el Ejército porque “el soldado es pueblo uniformado”, pero con la reciente historia bajo el brazo de ataques brutales contra las dos instituciones, igual que sus ideólogos en campaña, como Epigmenio Ibarra, que no dudó en tachar de criminales con licencia de matar al Ejército, la Marina y la Policía federal.

La falta de una planeación y acción en la comunicación, así como acuerdos entre integrantes de Morena y los que forman la administración pública federal, generan incertidumbre. El tema de la falta de gasolina en algunos estados de la República es un problema que se tiene que solucionar de inmediato, pero al presidente parecen estarle sirviendo de termómetro y comienza a medir lealtades por miembros de su propio equipo; lo preocupante es el choque de trenes y las fracturas internas, que ya no solo en privado, sino en público, son visibles en sus políticas.

Este proceso de caos en Morena y el gobierno federal puede tener una nueva perspectiva política si los grupos involucrados identifican el comportamiento de las políticas implementadas para un bien social, pero es difícil comprender el orden y la complejidad de un presidente que quiere demostrar con ejemplos, “me canso ganso”, sin enseñar y educar. ¿Usted qué opina?

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