En México vivimos tiempos inéditos. Si bien nuestra democracia aún es incipiente, los mexicanos estamos experimentando cambios que antes quizá hace un par de décadas eran impensables. En nuestro país, hasta el último sexenio priista del siglo XX, la figura presidencial era intocable. Así lo puede constatar el lector si alguna vez puede platicar con algún periodista que le haya tocado vivir esa época. Simplemente no podía hablarse mal del jefe del Ejecutivo Federal, o de lo contrario, las represalias, económicas sobre todo, no se harían esperar. Esto fue dicho recientemente en un encuentro de periodistas celebrado en Pachuca, por un célebre monero que aún trabaja para el periódico La Jornada. Hoy las críticas e incluso las burlas despiadadas al presidente de la República en turno son cosa de todos los días. Pero no solo eso, ayer la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad eliminar el fuero al mandatario nacional y a todos los servidores públicos que gozan de esa inmunidad. Con la reforma fue derogada la disposición de que el presidente durante el tiempo de su encargo solo pueda ser acusado por traición a la patria y delitos del fuero común. Esto pone a nuestro país al día, pues ya es común que en otras democracias los presidentes de la República que hayan incurrido en un delito puedan ser juzgados incluso antes de concluir su mandato. Posibilidad antes impensable en México. De filón. Y bueno, en nuestra entidad, quien deberá regresar a prisión, tras un año y un mes de libertad, es el exdirector de la coordinación financiera y planeación de Radio y Televisión de Hidalgo (RTH) Carlos Becerril Vargas. La razón fue que el exfuncionario incumplió con los criterios de oportunidad que le otorgaron en marzo de 2017, por el caso de desvío de recursos en el sistema estatal. Becerril cambió de opinión respecto a su exjefe, pese a que un juez le permitió seguir su curso en libertad a cambio de que aportara pruebas sobre las irregularidades cometidas a través de la entonces dirección de RTH. Ahora Becerril deberá seguir su proceso privado de su libertad. Con esos asesores, para qué quiere uno enemigos.

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