¿Sabías que?

El próximo presidente de México se enfrentará a una administración pública muy complicada y deteriorada por los ajustes internos y externos que se han trabajado en los últimos años, la combinación de un proceso de servicio administrativo muy burocrático y la autoridad involucrada en conflictos de corrupción han sido parte ya de un descontento social cada día más marcado.
Los mecanismos de supervisión en la administración pública se han organizado en estructuras separadas para evitar un conflicto de intereses, pero no existe una visión, estrategia o planeación general que den solución para los requerimientos que solicita la sociedad, es por eso que una de las partes más importantes del sistema político administrativo de un país es el presidente de la República, ahí es en donde comienzan las diferencias, aunque el deseo común es el de alcanzar un estado de bienestar.

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FOTO: AGENCIA

En términos de concepto, todos consideran la seguridad, el empleo y la educación como prioritarios, pero incluso esos se forman en diferente orden para diferentes sectores de la población. Seguramente un joven soltero, hombre o mujer, tenga un orden diferente si su estrategia de éxito está basada en una educación o en el trabajo, dependiendo de sus creencias, sus circunstancias y su entorno. De ahí la dificultad de un presidente para establecer prioridades inclusive con los conceptos más básicos. Ahora imagine usted si intervienen factores mucho más complicados como el comercio internacional, la coordinación de seguridad federal estatal o municipal, la ciencia, la tecnología, la investigación, el arte, la educación básica, media, técnica, profesional, etcétera.
Otra complejidad dentro de la administración pública es el tratar igualitariamente en circunstancias diferenciadas para distintos grupos de la población, eso implica que las decisiones y las definiciones deben aplicar por igual a grupos en ocasiones extremadamente diversos.
El riesgo de esto es asumir que se conocen las necesidades de México desde el punto de vista del quien recibirá la administración pública federal y establecer los alcances a partir de los elementos hipotéticos que puedan justificar una realidad con mayor oportunidad para todos.
Para que una estrategia del próximo presidente de la República funcione debe estar orientada a cumplir la misión que propuso en su campaña, no como un conjunto de ideas geniales, sino como el resultado de un análisis que nos derive a las acciones que nos permitan conservar y consolidar las fortalezas, aprovechar las oportunidades, corregir las debilidades y mitigar los riesgos y amenazas para nuestro país.
Más vale prevenir que lamentar
¡Usted qué opina!

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