En el estado de Oaxaca, el Congreso local votó por la despenalización del aborto, según se lee en los encabezados. Me parece que esos encabezados no resaltan la razón profunda, en Oaxaca se votó porque las mujeres ejerzan libertad sobre su cuerpo, se les restituyó su derecho a tener derechos.

Debe quedarnos claro que ninguna mujer va por la vida buscando embarazarse para luego abortar; la suspensión del embarazo es la manera más ancestral de terminar con un embarazo no deseado.

El aborto siempre expone a la mujer a los juicios tumultuarios de los “conservadores de la vida”, la pregunta es ¿dónde queda la otra parte responsable del embarazo?, ¿dónde están esos varones que no se protegen y cuidan a sus parejas para evitar la procreación?, ¿cuál responsabilidad tienen esos hombres que agreden sexualmente a las mujeres y las embarazan?

El grueso de las opiniones sobre el aborto se concentra en la sanción del cuerpo y la conciencia femenina, sin detenerse a pensar en el tortuoso proceso de toma de decisión del aborto. Solo debemos recordar que nuestra formación cultural femenina impone como la cúspide de la feminidad la consumación de la maternidad. Es decir, ninguna niña es educada para proyectarse como adulta que busca embarazarse para abortar, la suspensión del embarazo es una acción radical de una maternidad no deseada.

El primer paso para alcanzar los derechos femeninos ya está dado en Oaxaca, pues la despenalización favorece a las mujeres de los sectores pobres que carecen de los recursos económicos para sufragar un aborto de manera clandestina, o en su defecto, pagar el costo del pasaje a la Ciudad de México para realizarlo de manera gratuita.

Las mujeres con recursos económicos, con o sin despenalización, seguirán abortando según les alcance su dinero y contactos. Ahora veremos si las instituciones públicas, con su personal de salud, están dispuestos a respetar el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

Las mujeres seguimos peleando por nuestro derecho a tener derechos, a ser tratadas con respeto a nuestras personas y nuestros cuerpos, sin embargo, en pleno siglo XXI, el cuerpo y la conciencia femenina sigue siendo propiedad pública de “buenas conciencias” que vigilan el respeto a la vida.

Esos apasionados defensores de la vida en gestación, me hacen preguntarme por qué esas mismas personas asumen como natural que adultos mayores estén trabajando para ganarse la comida diaria, ellos y ellas suman una vida de trabajo que no les aseguró una pensión y/o un servicio médico digno. Esas buenas conciencias también podrían desplegar una campaña de sensibilización sobre el monto de los salarios mínimos que obligan a los y las adultos a tener dobles turnos de trabajo para cubrir las necesidades de sus hijos, esos que se quedan la mayor parte del tiempo solos en casa, vulnerables a la depredación de los medios de comunicación y de otros adultos que los rodean.

Larga lucha nos espera en nuestro derecho a tener derechos; en Oaxaca están dando pasos en ese sentido.

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