Lol Canul

Los seres humanos llevamos una gran ventaja respecto de otras especies, sobre todo en cuanto a los derechos reconocidos por acuerdos y leyes que avalan la protección de la vida digna.

México ha sido una de las primeras naciones que abolió la esclavitud en 1810. Eso significa que nuestro país ha sido pionero en un tema fundamental en la garantía de una vida en libertad para las personas, donde ninguna persona merece el privilegio de comprar a otro ser humano, acción que queda penada en el marco de la ley y de la que derivan los debates contemporáneos en el delito de trata de personas.

Pero como se mencionó antes, la discusión sobre la compra y venta de animales apenas se pone temerosamente sobre la mesa a consideración de que los poderes económicos y políticos gusten tocarlos y en lugar de encontrar apertura, parece que la incomodidad es evidente.

Una de las limitantes es, por supuesto, el beneficio económico de quienes se dedican a prácticas asociadas con el comercio de especies, muchas veces aprovechando los vacíos legales que existen en las leyes y reglamentos. México se encuentra en la lista de países con enorme diversidad de ecosistemas y, por tanto, de especies animales, lo que lo convierte en un potencial explotador de estas y no han faltado los grupos organizados que busquen aprovecharse de ello. Algunos reportes comparan el tráfico de especies silvestres con el tráfico de armas y de drogas por la implicación de actores coludidos en diferentes niveles. Sin perder de vista que las especies domésticas también están en la línea de compra y venta, y que existen permisos legales especiales para este tipo de negocios; sin embargo, ello no quiere decir que sea menos sobajante el trato que se le da por hecho a los animales que son víctimas de esto.

Otro aspecto que impide el avance del tema en pro de las especies animales es la cultura humana, en aquellas creencias, ideas y actitudes de superioridad de nuestra especie por sobre las otras, pues los humanos consideramos que hay especies que se pueden usar para el trabajo, para el entretenimiento, para ornato, para la creación de productos y así hemos ido inventando un sinfín de clasificaciones que terminan siempre en el aprovechamiento y explotación de animales, dejando además la consideración a su bienestar, buen trato y respeto a su dignidad.

Para la época de la colonia, la abolición de la esclavitud, que implicaba por supuesto el comercio de humanos, fue un cambio político y social que debió desarrollarse en una serie de conflictos de todo tipo y que de alguna forma, incluso económica, afectaba negativamente a parte de la población, pero ello no fue óbice para la lucha por esta causa; por el contrario, favoreció no solo a la población esclavizada y sometida por clases consideradas superiores; además, representó un enorme paso en el avance hacia una sociedad más justa y progresista. Indudablemente, hoy agradecemos esos avances revolucionarios.

Este debe ser un recordatorio histórico de que la compra de otros cuerpos ha sido justificada en la clasificación ideológica de superioridad, cuestionada por los aportes económicos y limitada por la estructura política, pero siempre ha sido un privilegio de unos sobre otros que, en la reivindicación de los derechos fundamentales, ha caído abriendo paso a una convivencia más armónica. México, así como nuestro estado, tiene en sus manos la oportunidad y la responsabilidad ética de promover marcos para una sociedad justa para todos y todas.

Twitter: @lolcanul

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