Lol Canul

Como seguimiento al tema de transporte como necesidad y nuestro predominante uso del automóvil para ella, hoy les quiero escribir sobre la pirámide de la movilidad.

Hace algunos años, cuando comencé a aprender sobre el tema, la pirámide de la movilidad fue el primer choque que tuve con las cosas que había aprendido durante mi vida; para entonces, la cultura que gira en torno al automóvil ya se había anidado en mí y pese a mi negativa, la presión social ganó terreno y subía cada puente antipeatonal que cruzara mi camino.

Las pirámides son modelos jerárquicos que permiten entender de manera clara qué sector de la figura debe priorizarse y cuál recibe menor atención. La pirámide de la movilidad facilita la comprensión sobre los medios de traslado, cuáles de ellos deben ser privilegiados en el diseño y mejoras sobre la infraestructura para la movilidad, considerando tres parámetros: la preferencia, la eficiencia y el costo.

Primero se encuentran las y los peatones, que son más vulnerables, pero también más comunes; la diversidad de personas que representa es tan amplia en sus características que obliga a pensar en la accesibilidad universal. La infraestructura que requiere para su desplazamiento no es cara y caminar no es un método contaminante, por todo esto conforma el escalón más importante de movilidad.

En segundo lugar de la movilidad se encuentran las bicicletas, para las que se requiere una infraestructura con buena señalización y adaptación de las calles, aunque presenta una alta vulnerabilidad. También se trata de un medio de transporte que no contamina y es eficiente en trayectos que no sean caminables debido a su distancia.

El transporte público se coloca en el tercer escalón, que es el primero en el que hacen presencia los vehículos motorizados. Este método es más costoso comparado con los anteriores y contamina el ambiente, y aunque las personas usuarias se encuentran menos vulnerables, también requiere una infraestructura óptima y un desempeño sistematizado para ser eficiente.

En el cuarto escalón se encuentran los camiones de carga y transporte, tanto de materiales como de víveres. Este escalón impacta directamente en las actividades económicas y requiere asegurar que la señalización para este transporte sea clara, lo mismo que la infraestructura, para no interferir con el resto de los escalones de la pirámide.

Finalmente, en el quinto escalón se encuentran los automóviles particulares, que son un método de transporte poco eficiente, altamente contaminante y mucho más costoso que sus alternativas; además, los autos interfieren con la movilidad del resto de los escalones.

De acuerdo con esa estructura jerárquica, las y los peatones deberían ser prioridad en el diseño y ejecución de la movilidad urbana, porque son los más vulnerables y porque es la forma mayoritaria de transporte; en congruencia, es necesario restringir el abuso del coche por ser el medio más contaminante y por su uso de espacio público, siendo un método privado.

En un debido cumplimiento de las obligaciones gubernamentales, la consideración de estos aspectos en la elaboración de los planes de movilidad debe generar alternativas al uso del automóvil, promoviendo viajes en bicicleta y transporte público. Como consecuencia se obtendrían beneficios como una mejor calidad de vida, cuidado al medio ambiente, promoción de la salud, mejoramiento de la movilidad y accesibilidad, con una toma de decisiones pensadas por y para el público.

Por otra parte, se debe romper con la idea socializada y legitimada de que el automóvil es el privilegiado en el entorno urbano, en que las personas que caminamos cruzamos la calle corriendo por temor de ser víctimas de un atropellamiento e incluso se construyen caras y estorbosas estructuras que nos colocan donde no estorbemos al paso veloz de automovilistas, bajo la consigna de que es un espacio peatonal y que somos personas flojas o tontas al no usarlo, sí, el puente antipeatonal.

puente antipeatonal

Twitter: @lolcanul

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