Fernanda Aguilar

Cada vez que un animal de ganado es atacado por la confirmada presencia de pumas en Actopan, el hecho causa revuelo entre la población no acostumbrada a visualizar la majestuosidad de estos ejemplares.

Desde 2017, este hecho ha encendido las alarmas entre habitantes de ese municipio y entre las autoridades que no están capacitadas para actuar bajo estas circunstancias. A nadie le gustaría perder su inversión a manos de un depredador natural que por instinto busca a su presa de cualquier modo, tampoco sentirse amenazado en medio de alguna caminata cotidiana y encontrarse a un puma de frente.

Pero nuestros miedos más básicos son los de menor preocupación. Organizaciones civiles y dependencias gubernamentales han documentado que los pobladores se defienden a punta de rifles y otras armas contra estas circunstancias y es “normal”, pues su estabilidad económica y su fuente de ingresos depende de sus ovejas, borregos, vacas y demás especies, y aunque el gobierno cuenta con seguro para reponer estos ejemplares, la desinformación y falta de comunicación con vecinos causan daños colaterales que pueden ser catastróficos para ambas partes.

Además, los medios de comunicación no aportan mucho a la causa, como muestra los títulos que periódicos utilizaron para la noticia como: “Manada de pumas aterroriza a pueblos de Hidalgo” o “Confirman ataques de pumas en Actopan”, y aunque no seamos expertos, basta ver programas de especialistas en televisión para saber que estos animales viven solos y evitan a los humanos lo más que pueden.

Entonces, ¿por qué su presencia ha podido ser captada con mayor frecuencia en Hidalgo? Pues me atrevo a decir que nosotros, los humanos, somos responsables de esto. Al destruir cada vez más hábitats y ecosistemas para nuestras necesidades mundanas de sobrevivencia, orillamos a otras especies a tomar “medidas extremas”, como acercarse a las zonas pobladas en búsqueda de alimento.

Aunque Hidalgo cuenta con espacios muy bellos para albergar vida silvestre, la presencia de los pumas indica que no han tenido opción más que acercarse a este territorio y emigrar en búsqueda de un mejor espacio que les brinde refugio.

Lástima que han encontrado mucho recelo entre personas que temen, por ignorancia, compartir y aplicar medidas para su protección y seguridad en un mundo donde todavía no entendemos que las especies somos dependientes entre sí.

Otra “nota periodística” también indicaba en su encabezado: “Reportan puma suelto en Actopan, Hidalgo”, como si la solución para la pérdida de ganado fuera capturar al ejemplar o encerrarlo en un zoológico porque eso es más sencillo que concientizar a la “ciudadanía” sobre su relevancia en el estado.

Ha pasado ya más de un año desde los primeros avistamientos de pumas en la entidad y hasta ahora solo se han colocado cámaras de vigilancia para ubicarlos y monitorearlos, pero no se ha organizado una red de protección que asegure su permanencia.

Como preparar a la sociedad y a las autoridades para su “bien actuar” tarda tiempo y es demasiado caro –la excusa para casi todas nuestras peticiones en cualquier ámbito que usted se desenvuelva–, una primera idea sería reubicarlos.

De acuerdo con miembros de la organización Biofutura, esta propuesta no sería la “ideal”, pues las autoridades como la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), entre otras, están obligadas a brindarle las condiciones necesarias para su protección y reproducción, lo cual dista mucho de la realidad.

Mientras tanto, esperemos que también se dé seguridad a los pobladores que pierden ejemplares y que la aplicación de estos seguros sea ágil e inmediata, pues al fin y al cabo, eso igual es chamba de nuestras bien capacitadas autoridades.

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