El miércoles pasado, a la puesta en marcha del Centro Estatal de Comando, Comunicaciones, Cómputo, Control, Coordinación e Inteligencia, resumido en C5i, del gobierno estatal, sobre la carretera Pachuca-México, a la altura de Zapotlán, inaugurado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, hubo una marcha multitudinaria de integrantes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), docentes, estudiantes, personal administrativo y de servicios varios, que culminó en plaza Juárez, de Pachuca.

En el primer acto se enaltecieron los objetivos del C5i, con tecnología de última generación, para poner un dique a la delincuencia en todas sus nefastas formas de acción.

Buen propósito, concretado por el gobierno estatal.

Pero el segundo episodio y también relevante de la UAEH fue el acercarse al presidente López Obrador, solicitando su intervención para que se conozcan motivos, si es que los hay, en el esclarecimiento de cuentas congeladas de la máxima casa de estudios en Hidalgo.

Antes, en la mañana de ese miércoles, por redes sociales hubo opiniones en pro y en contra de la universidad.

Debe puntualizarse que un 75 por ciento, aproximadamente, coincidían y apoyaban su pública gestión; el restante, evidente, hasta con espacios muy alambicados de edición, debatieron la acción de la casa de estudios.

Hubo algunos, perdónese el término, tan elementales, que aludían a supuestas presiones a alumnos, de que el participar ponían en riesgo su presencia en la institución, sobre todo en bachillerato.

Intimidaciones al fin.

La marcha se llevó a cabo sin incidentes, encabezada por el rector Adolfo Pontigo Loyola, y el presidente del Patronato Universitario, Gerardo Sosa Castelán.

En el corolario, AMLO instruyó a la secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, dama de todos los respetos, para que a la brevedad informara de las acciones de la unidad de inteligencia financiera (UIF), que encabeza Santiago Nieto Castillo.

Este, antes, horas antes, afirmó que representantes de la UAEH no habían acudido el 25 de abril para que se les informara por qué se habían bloqueado las cuentas.

La Universidad negó que hubiera recibido algún citatorio.

Sosa Castelán manifestó, el miércoles, apenas horas después de la marcha solidaria, que estaban abiertos a cualquier tipo de investigaciones, sobre el supuesto mal uso de recursos financieros.

Y el final es sensato, de parte de la universidad hidalguense, resumido en un concreto adagio: el que calla, otorga.

Y la UAEH no calló.

Morena, adelante en Puebla

Con todo y los embates contra el presidente Andrés López Obrador en Puebla, donde el próximo junio habrá elecciones para gobernador del estado, tras el trágico accidente que costó la vida a Martha Erika Alonso, el 24 de diciembre pasado, los últimos indicadores favorecen, dos a uno, al candidato de Morena, Miguel Barbosa Huerta.

No deja de sorprender que en un estado con cierta predilección por el panismo, desde los tiempos de Vicente Fox, se hayan recompuesto las intenciones electorales.

De acuerdo con últimas mediciones, Barbosa va arriba, dos por uno, en la intención del voto sobre el aspirante de Acción Nacional Enrique Cárdenas, y mucho, más alejado de Alberto Jiménez Merino, del PRI.

Hay que consentir en que el abanderado morenista no es carismático. Sus expresiones han sido más bien moderadas. No son de las que arrebaten a multitudes.

En ese entorno, cuando día a día AMLO es objeto de cuestionamientos en lo que dice y hace, permanece su presencia como esperanza de un cambio en el país.

Se insiste en que en sus pronunciamientos no varía tonalidades. Se estaciona en críticas a antecesores, con repetidas alusiones a mafias de poder, corrupción, y otros por el estilo.

La fórmula opera, alejado de discursos compuestos, retóricos y por décadas parta de expresiones alambicadas y repetitivas.

Y habrá muchos, quién sabe cuántos miles de mexicanos no piensan lo mismo, pero se mantiene bien arriba conduciendo los destinos de la República.

En ese escenario, inédito, muy inédito, no es Acción Nacional el oponente fuerte, un tanto laxo en sus expresiones, ni el PRD, el que se inquieta y evoca días de gloria muy disminuidas.

El que está en turno es el PRI, el avasallado el primero de julio del fresco todavía 2018.

El Revolucionario Institucional se encamina a reagruparse. Y el primer rumbo de esa ruta, nada fácil, es renovar su dirigencia.

Ya se establecieron dos rutas. Una, en su elección interna no intervendrá el INE, porque, en boca de su actual presidenta Claudia Ruiz Massieu, el costo monetario sería muy alto: 230 millones de pesos.

Por acuerdo del Consejo Político Nacional, será mediante consulta directa a la militancia.

La misma Ruiz Massieu anunció que solicitará licencia a su encargo de senadora para dirigir al tricolor y llevar bajo su comando los seis procesos electorales que se avecinan.

En ese marco, son tres los candidatos que se perfilan para sucederla: el gobernador de Campeche Alejandro Moreno, llevando como compañera de fórmula a la hidalguense Carolina Viggiano, experimentada en esas lides.

Dos más: la yucateca Ivonne Ortega, exgobernadora, dama de mucho temple, y José Narro, exrector de la UNAM.

De Moreno se dice que es afín a AMLO, lo que parecería incongruente, en esa contienda muy interna, por lo que representa.

Ortega es la voz del no estoy de acuerdo, y Narro, impecable en su currículum, que no parece el idóneo para ser el combativo.

¿Qué pudiera haber un épico caballo negro?
En política, se aprende, no hay nada escrito, y queda la inquietud, para analistas, quién o quiénes estarán, bajo la sombra, conduciendo ese nada calmo paso de estafeta.

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