No todos los días viene un presidente de la República a Ixmiquilpan y menos para llamar a la unidad. El municipio, considerado el de mayor importancia en el Valle del Mezquital, tanto por su número de habitantes como por el tamaño de su economía, ha sido centro no solo de numerosos hechos delictivos (últimamente homicidios vinculados a pleitos de bandas del crimen organizado), sino de una guerra fratricida protagonizada por los hermanos Cipriano y Pascual Charrez, quienes mantienen una abierta pugna política por el control de la demarcación. Ayer, durante su visita en Ixmiquilpan, el presidente Andrés Manuel López Obrador dedicó una parte de su discurso al clima de confrontación que prevalece en ese municipio: “Ya hay que hacer a un lado los pleitos, ¿quieren seguir peleando ustedes? Claro que no. Vamos a unirnos, la patria es primero”, expresó, casi al concluir su participación en el diálogo con la comunidad del hospital rural de Ixmiquilpan. En presencia de Pascual Charrez, actual alcalde ixmiquilpense, López Obrador se refirió así a los pleitos que protagoniza el primero con su hermano Cipriano y que han desembocado en actos violentos como el ocurrido la semana pasada, donde pobladores de la localidad El Nith incendiaron varias patrullas de la Policía local tras señalar a la corporación de estar atrás de la detención arbitraria de seis vecinos del lugar. ¿Será suficiente el llamado que hizo López Obrador para detener la espiral de violencia? Eso lo sabremos pronto. De filón. Luego del ataque a disparos contra la diputada federal suplente Carina López Ayala en Pachuca, el legislador Ricardo Baptista pidió a las autoridades que lleguen al fondo lo más pronto posible, lo anterior porque además reveló que encontraron casquillos de arma de fuego dentro de su vehículo. ¿Prueba de un ataque directo?

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