Mario Cruz Cruz 
Profesor investigador de la UAEH
Raen Sánchez Torres
Asesor legislativo

El 13 de noviembre de 2017, en este mismo espacio publicamos el artículo “Una reflexión político-taurina: los presidenciables de 2018”. En esa ocasión, narramos la continuidad de esa crónica político-taurina a la luz de los resultados electorales publicados y los inmensos retos que se asoman en el horizonte del candidato vencedor.
Debemos de recordar que en la primera fecha el Copetón, primera figura del toreo mexiquense que usualmente abarrotaba los cortijos enfrentó dos toros. El primero, el Chino, toro veleto de crianza hidalguense que salió con mucho brío y pintaba para dar una buena faena, pero en el comienzo de su lidia el diestro mexiquense además de permitir que le rasuraran las puntas del ejemplar dejó torpemente que el picador, conocido como el Filtraciones, lastimara excesivamente, echando a perder a la bestia. En consecuencia, el astado perdió embestida y el fuelle, y el juez de plaza no otorgó nada.
El segundo toro de el Copetón fue Recaudador, un toro careto cornigacho de la ganadería mexiquense llamada El Alcahuete también fue despuntado por los miedos del matador. A los pocos metros de los toriles buscó la querencia, no levantó al embestir, no traía potencia, se le doblaban las patas delanteras; los banderilleros, Clavillazo y el Nuno no clavaron ni una banderilla y, consecuentemente, matador y bestia nunca lograron conectar con la afición. Fue un fracaso total, a grado tal que se especula el retiro próximo del matador y el repliegue de la ganadería a circuitos taurinos de menor prestigio.
La segunda tarde de la temporada presentó a un matador que recién tomó la alternativa, el Frentón, parecía buen artista pero había rumores de desaires en su etapa de novillero. Su primer toro fue un jabonero llamado el Borracho, con alzada de vaca, proveniente de la ganadería michoacana Zavaleta. Al final de las embestidas hacía unos extraños muy peligrosos, que hicieron correr a banderilleros y matador en más de una ocasión, además, varias veces le arrebató el capote y la joven promesa no supo matar. En su segundo toro, le correspondió uno de ganaderías queretanas llamado el Bodegas, animal con malas ideas que revolcó en repetidas ocasiones al torero; lo corneó, y no se dejó matar bien, hubo que usar la espada de descabello.
Para la última fecha se presentó el Lagarto de Macuspana, zurdo tabasqueño que mostró temple, arte e idea taurina al enfrentar a sus dos toros, Violencia y Tiempo. Ambas bestias eran toros bandera con los que, sin tomar grandes riesgos y entregándose a su experiencia, hizo lo que quiso a lo largo de toda la faena. Mató bien.
Era el final de la temporada y la afición, defraudada con las lidias de el Copetón y el Frentón, se entregó a los pases sobrios del tabasqueño, quien no escatimó en el uso del ayudado, pero igual celebró cual horda de villamelones mexicanos viendo al maestro José Tomás en alguna tarde inspirada.
Al final de la feria Elecciones 2018, el indiscutible triunfador fue el Lagarto de Macuspana, los tendidos y la prensa lo aclamaron como no sucedía en el toreo mexicano desde las tardes del salmantino Silveti por allá de 1980. Ello le representó la firma de importantes compromisos en muchas ferias, donde se medirá con maestros del toreo para ganarse el aplauso de la afición en las próximas corridas.

Apropiémonos de las plazas

En el horizonte se avecinan las ferias con toros como reforma educativa, reforma energética, presupuesto suficiente, Descentralización geográfica de la APF, violencia delictiva, paso a la historia, Donaldo Trump y lucha anticorrupción. En esa etapa se jugará el prestigio y la palabra empeñada. Así, si el triunfador arriesga la vida con verdad taurina, sin lugar a dudas volveremos a ver vibrar a la afición y su triunfo será ineludible en el largo plazo; pero si se decanta por prácticas como el rasurado de los astados, si deja que los picadores se ensañen y si no maneja bien a sus subalternos, más de un toro lo hará trompicar y podría propiciar una decepción tal que ayude a seguir perdiendo el gusto por la tauromaquia.
¿Triunfará esta nueva promesa del toreo?, ¿la afición podrá por fin engrosarse y fundirse en los festejos coronando el arte del matador?, ¿será un fracaso?, no lo sabemos, pero “la única forma de ver buenas corridas es yendo y apropiarse de las plazas”, exigiendo a los toreros y sus cuadrillas, coreando los olés y abucheando cuando sea necesario, propiciando que el juez de plaza no regale los indultos, ni tampoco regatee injustamente una oreja bien ganada.

¡Que Dios reparta suerte!

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