El incidente ocurrido en Tetepango el martes en la noche, donde se vieron involucrados militares que patrullaban la zona y que dejó como saldo una persona muerta, es un ejemplo de lo peligroso que es que fuerzas castrenses se encarguen de actividades de seguridad pública. Lo anterior, porque si bien los militares respondieron a una agresión de supuestos huachicoleros, en el enfrentamiento murió un joven de 22 años que se dedicaba a labores del campo. Su error: estar en el lugar y momento equivocados. No es el primer incidente de ese tipo en nuestra entidad. A principios de este año, en Cuautepec dos jóvenes murieron por impacto de bala en un incidente en el que también estuvieron involucrados militares. Los jóvenes, quienes viajaban en un automóvil compacto, no se detuvieron al cruzar por un retén militar ubicado en la localidad de El Aserradero, lo que habría provocado la reacción de los soldados. Sobre ese hecho, más de dos meses después no se sabe si ya se deslindaron responsabilidades. Una de las críticas a la creación de la Guardia Nacional es justamente esa: los militares no tienen la capacitación adecuada para actuar en presencia de civiles. Los hechos registrados en nuestra entidad deben prender las alarmas antes de que opere esa fuerza de seguridad. No son gratuitas las críticas contra el errático comportamiento de militares ante situaciones en las que participan civiles. Para muestra, sin ir más lejos, lo que ha ocurrido en nuestra entidad. De filón. Pese al escándalo, la UAEH sigue sus planes de crecimiento y desarrollo. Ayer por ejemplo, el presidente del Patronato Universitario Gerardo Sosa Castelán recorrió la Torre de Posgrado, que es hoy el proyecto más importante en infraestructura en la historia de esa casa de estudios.

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