En un recuento de lo que ha pasado con el precio de las gasolinas en 2018, este diario encontró que la gasolina Magna escaló su valor 20.4 por ciento, mientras que la Premium tuvo un incremento de 21.4 puntos porcentuales en nuestra entidad. Se trata de un aumento significativo y similar, por ejemplo, al registrado en enero de 2016, cuando hubo disturbios en distintas regiones del país por la medida conocida como gasolinazo y que no fue otra cosa más que el ajuste de nuevos precios máximos para los combustibles en ese año. No obstante, hoy en octubre de 2018 la realidad es otra: los precios de la gasolina ya fueron liberados y por tanto se rigen por distintos factores, entre ellos, el precio internacional del barril de petróleo, el costo de transportar el combustible, los impuestos que aplica el gobierno federal y la utilidad que obtienen los distribuidores. Eso, además de lastimar directamente el bolsillo de los consumidores, trae un efecto dominó sobre el precio de distintos bienes y servicios, pues impacta en cualquier actividad que implique su transportación. Eso, por otro lado, para colmo de nuestros males, ha provocado la explosión del delito de extracción ilítica de hidrocarburo y su comercialización ilegal, que se vende hasta en 11 pesos el litro. El huachicoleo, como es conocido coloquialmente ese delito, también genera una cultura de la ilegalidad que sin duda lacera el frágil tejido social sobre el cual descansa nuestro país. Lo peor es que el panorama no cambiará, al menos en el corto plazo, pues el nuevo gobierno que encabezará Andrés Manuel López Obrador no prevé un cambio drástico en la política energética. De filón. Una buena entre tantas malas: resulta que el Programa pueblos mágicos ha tenido efectos positivos sobre la reducción de la pobreza en aquellas localidades donde ha entrado en vigor. En Hidalgo, cinco municipios vieron bajar su pobreza en solo un quinquenio. Algo, por lo menos, está funcionando.

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