El Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) demuestra una vez más ser una farsa coordinada por una mafia al servicio de un grupúsculo de artistas.
Lejos de criterios verosímiles de selección o de un funcionamiento y ejercicio transparente el SNCA, como gran parte de la Secretaría de Cultura, debería ser investigado por las instancias correspondientes al comprobarse una y otra vez la violación de códigos de ética, derechos constitucionales, derechos humanos y hasta acuerdos internacionales suscritos ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
El SNCA presume a través de su oficina de prensa que ha otorgado 2 mil 356 estímulos desde la creación del sistema en 1993, pero lo que no especifican es que varios de esos estímulos los han recibido los mismos artistas en reiteradas ocasiones y algunos desde que existe el sistema. Según el subdirector del SNCA Erick Rodríguez cuando los artistas hacen su postulación aceptan automáticamente las bases de participación (sí o sí, les guste o no, porque no hay más opciones) donde se establece que “las decisiones tomadas por las comisiones de selección son avaladas por el consejo directivo y son inapelables”.
Entonces, si son inapelables para que existe el recurso de controversia en las reglas de operación, recurso con el cual los artistas pueden exigir una reconsideración del fallo de la comisión de selección, mismo que será analizado por una comisión de controversia.
Llama la atención que cuando los artistas mandan esa petición la respuesta llega como en escasas 72 horas, un tiempo realmente asombroso para reunir a los nueve miembros obligatorios de dicha comisión que tienen que estar presentes para que pueda sesionar y emitir un fallo, que viene firmado por el subdirector y no por los miembros de la comisión de los cuales se ignora su identidad.
También, si los artistas no seleccionados solicitan a través del recurso de controversia una explicación sobre los motivos y criterios con los que se le fue negada su postulación, la respuesta es nuevamente, en un “copia y pega”, los criterios de la convocatoria pero, sin explicación alguna e incluido el “benévolo” comentario del subdirector, que en pocas palabras es: suerte para la próxima, los jurados “son transitorios” y lo invitamos a participar en la próxima emisión

esperando que el jurado en turno pueda revisar con un nuevo enfoque y sensibilidad su propuesta

Es decir, vuelve a quedarnos claro lo que ya sabemos: la selecciones están sujetas a la “sensibilidad” y “enfoque” personal del jurado formado por otros artistas que lamentablemente, no tienen de otra porque el sistema está hecho de tal manera que si algo está mal, son los mismos artistas los culpables (“que se maten entre ellos”) y no las autoridades impuestas a dedazos por prominentes burócratas. Decisiones tan subjetivas que proyectos que han sido avalados por comités académicos en las universidades más prestigiadas de nuestro país y que cuentan con sustentos académicos incuestionables quedan a merced del criterio personal del jurado “en turno” para quienes si no se cumple con su idiosincrasia artística y sus estereotipos estéticos entonces el artista postulante no cumple con los requisitos para merecer el estímulo.
Pero insisto, el artista que llega a pertenecer a ese comité de selección no tiene la culpa, es todo el sistema el que está mal y está obligando a los creadores a romper con códigos de ética no escritos, aunque sí hay que reconocer que uno que otro artista dentro del sistema no tienen ni escrúpulos. Los códigos de ética en el SNCA son también una farsa, la comunidad artística en cada disciplina es muy pequeña (entre los que siempre aplican y reciclan, con la excepción de los “nuevos”), como para que no se conozcan. Así que, en cada convocatoria los integrantes de los comités de selección obligadamente firman un acta donde juran y perjuran que no conocen a nadie de los creadores que solicitan el apoyo. Sin embargo, la mayoría miente, o han trabajado en algún momento o estudiaron juntos o hay algún tipo de relación, sería estúpido pensar que no, perteneciendo al mismo gremio y a las mismas disciplinas. Pero eso no es tan grave, lo grave es que nos quieran hacer creer que hay transparencia en el proceso con un acta que niega todo vínculo personal. Hasta hermanos son jueces y partes, como en esta emisión de 2016 en la que dos hermanos artistas visuales uno solicitó el estímulo y ¡el otro fue jurado! no en la misma especialidad pero sí en la misma disciplina. Encima, el que fue jurado, firmó un acta dónde niega ese vínculo.
En esas condiciones la Secretaría de Cultura y el SNCA no tienen ninguna credibilidad y ponen en evidencia también las violaciones a los derechos constitucionales, derechos humanos y en materia de derecho internacional que se suscriben en la ONU y que se cometen contra los creadores de arte en México desde las instituciones encargadas de administrar los recursos para cultura y por el gobierno mexicano.
Pero nos solo es el SNCA, en la recomendación relativa a la condición del artista del observatorio mundial sobre la condición social del artista de la UNESCO, un documento ratificado por México en 2010, nuestro país informa verdades a medias; manipula, entre otras, cosas la seguridad social diciendo que el artista la obtiene cuando es contratado, haciendo parecer que es un derecho exclusivo del artista y no un derecho constitucional para todos los mexicanos. El informe indica parámetros para determinar la condición del artista a partir de una figura llamada “estatuto del artista profesional” que indica que es a través de los estudios de licenciatura en adelante como se determina si un artista profesional lo es o no.
Ese estatuto en los hechos no existe, ya que en ninguna convocatoria dirigida a los artistas se requiere de esa condición, es decir, no es un parámetro de medición ni de criterio salvo para justificarse ante la UNESCO de que “existe” y se “aplica” el mencionado estatuto.
Por otro lado, y respecto al SNCA, no especifica al organismo internacional que la cantidad de artistas beneficiarios es de 150 o 200, una cifra irrisoria, si no más que ridícula, para un país de más de 120 millones de personas y con una de las culturas más bastas de todo el planeta. Por otro lado, involucran al Instituto Nacional de Bellas Artes y hasta la Universidad Nacional Autónoma de México como si fueran parte de las estrategias del desaparecido Conaculta, hoy tristemente Secretaría de Cultura. Son un sin número de anomalías que en el espacio de este artículo no caben y tema para todo un informe que habrá que dirigir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y a la UNESCO.
También, ya es hora que los artistas pasen a la acción más allá de firmar peticiones y protestas, existe el recurso de amparo, las denuncias ante los instrumentos jurídicos de la ONU y otros organismos que están a nuestra disposición y por supuesto, está nuestro quehacer artístico que no puede ni debe de parar, así sea por encima de la Secretaría de Cultura y del Sistema Nacional de Creadores de Arte que tienen secuestrados nuestros recursos y pretenden también secuestrar nuestra cultura y nuestros haceres y saberes.

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"Muralista y artista visual con un doctorado en artes y diseño, maestría en gráfica y licenciado en artes visuales por la Facultad de Artes y Diseño. Cuenta con una trayectoria como creador de más de 30 años."