“Cuando se establezca la nueva República, no habrá más Ejército en México. Los ejércitos son los más grandes apoyos de la tiranía. No puede haber dictador sin su ejército. Pondremos a trabajar al Ejército. Serán establecidas en toda la República colonias militares, formadas por veteranos de la Revolución. El Estado les dará posesión de tierras agrícolas y creará grandes empresas industriales para darles trabajo. Laborarán tres días a la semana y lo harán duro, porque el trabajo honrado es más importante que el pelear y solo el trabajo así produce buenos ciudadanos. En los otros días recibirán instrucción militar, la que, a su vez, impartirán a todo el pueblo para enseñarlo a pelear.”

Esas palabras son atribuidas a Francisco Villa el Centauro del Norte, refiriéndose acerca del Ejército, argumentando que este no es más que un gremio innecesario que solo sirve a los intereses de los tiranos y no para los del pueblo.

El caso particular del exsecretario de la Defensa Nacional de México Salvador Cienfuegos, el general que dirigió la lucha contra el crimen organizado entre 2012 y 2018, héroe de mil batallas de las que siempre salió con vida, ha vuelto a los titulares cuando solo pensaba en descansar unos días con su familia en California. Arrestado en el aeropuerto de Los Ángeles a petición de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en ingles), que considera que Cienfuegos, el exjefe del Ejército mexicano, tiene cuentas pendientes que saldar “por transporte y distribución de droga”, y que lo hará en la misma Corte de Nueva York, donde se condenó a Joaquín el Chapo Guzmán y se juzga a Genaro García Luna.

Salvador Cienfuegos Zepeda, de 72 años, encarna lo que se espera de un militar: cordial, seco y respetado por la tropa. Durante su gestión, se comportó lealmente con Enrique Peña Nieto, contuvo la violencia e hizo todo lo posible por ocultar los abusos militares, como la matanza extrajudicial en Tlatlaya o la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en cuya investigación se negó a colaborar a pesar de que sus hombres tuvieron un papel importante como testigos o incluso, quizá, como protagonistas.

Hijo de una costurera y un coronel que murió cuando él tenía dos años, Salvador Cienfuegos nació el 14 de junio de 1948 en la Ciudad de México. La primera vez que se acercó al Colegio Militar de Mixcoac ni siquiera tenía la edad para ser admitido. Finalmente, ingresó con 15 años y en la institución se desarrolló gran parte de su vida desde el primer batallón en Jalisco, hasta Guerrero o Chiapas al frente de la región militar.

Como buen militar, guardó siempre silencio y caminó un paso atrás del expresidente Peña Nieto. Una de las pocas veces que se salió del guion reconoció que estaba deseando devolver a los cuarteles al Ejército, que estaba realizando tareas “que no les correspondían”, porque la clase política había sido incapaz de formar a las policías locales que debían controlar la delincuencia y poner fin a la presencia militar en las calles.

Desde que llegó al cargo, pidió un marco legal para saber en qué condiciones podía actuar en la calle. Pero ese marco legal no llegó hasta ocho años después y fue para decir que los militares seguirían por tiempo indefinido en esas tareas. Para entonces, él ya estaba pensando en la jubilación y en descansar con su familia en breves escapadas a California y vaya que lo logró ahora descansará en California, pero sin su familia y tras las rejas quizá pensando y analizando que sus actos fueron producto de obediencia y reverencia ciega a su superior como todo buen militar.

Algo hay de interesante en esta historia, ya que el secretario de la Defensa Nacional puede mandar lo que le ordene su jefe directo, y debe, incuestionablemente, obedecer lo que sea ordenado por este. Es decir, por el presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos que a su vez lo nombró. Sin importar lo ignominioso de la orden.

El presidente durante el cargo de Salvador Cienfuegos fue Enrique Peña Nieto. ¿Qué tanto estará involucrado este expresidente en los negocios turbios que realizó Cienfuegos? ¿Será acaso que continúa el despeñadero anunciado? ¿Tú lo crees?… Yo también.

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