Polifacético, el actor y director de teatro Daniel Rivera también es el director de una escuela. Entre pizarrones y bambalinas, recreos y funciones de estreno, ha encontrado tranquilidad en la sinergia que pueden lograr todos sus posibles personajes: “El día de hoy prefiero que no existan como dos, sino que sean uno solo, que dialoguen, que convivan, que se nutran”.

También director de la compañía Bocamina Teatral y uno de los fundadores del espacio independiente Foro Doble Nueve, en esta entrevista reflexiona sobre el idealismo y defiende el papel potencial del teatro como transformador de la sociedad y la esencia inherente a todo escenario: “No se sanitiza”.

Desordenadamente inteligente y libremente profunda, la mente inquieta del “niño que andaba en bici y se emocionaba mucho con las cosas de la vida” se revela en las respuestas del adulto que, escenas después, y afortunadamente, no ha dejado de hacerlo.

¿De qué forma los diferentes roles que desempeñas dialogan entre sí? ¿Qué se dicen el director de escuela y el director teatral cuando se miran, por ejemplo?

“En algún tiempo tuve dos personajes en mí: un director de escuela y una actor-director de teatro que peleaban mucho por los tiempos, los espacios y la atención de mi otro yo (risas).

“El día de hoy prefiero que no existan como dos personajes, sino que sean uno solo, que dialoguen, que convivan que se nutran uno de estar en la escuela y otro de estar en el teatro; llevar las cuestiones creativas, escénicas y artísticas como director de escuela y los problemas, asuntos y gozos que nos dan los niños en la escuela a la escena.

“Procuro fluir como pez con esos dos personajes más el personaje de padre, pareja y otros múltiples que tengo.”

¿En qué andabas antes de que esta pandemia cayera como un piano sobre nuestras cabezas? ¿Cómo lo estás resolviendo ahora?

“La pandemia me tomó ensayando una obra entrañable con un equipo de actores entrañable, ya estábamos acercándonos al final del montaje y visualizando el estreno.

“De una manera extraña, espero que el detener esos ensayos, montaje y ese estreno nos permita reconectar o conectar de manera más profunda con los personajes, el texto y con la obra en general. Lo resuelvo invernando. Es tiempo de invernar.

“Como artista, lo entiendo como guardar mis emociones, mis sentimientos, cultivarme, leer, escuchar música, nutrirme de todas las maneras posibles que un actor y un artista se puedan nutrir y estar listos para que en el momento en que esto sea viable retomemos ese montaje entrañable.”

En Noviembre, película española dirigida por Achero Mañas, el personaje Alfredo Baeza es un joven actor que quiere cambiar el mundo, por lo que decide ir a la calle frente a frente con el público movido por el impulso de “crear un arte más libre, hecho con el corazón, capaz de hacer que la gente se sienta viva”. ¿Qué papel le ha tocado al idealismo en su relación con el teatro en los últimos años? ¿Qué papel le toca aquí y ahora?

“El papel del teatro en esta sociedad y en este mundo sigue siendo el mismo: transformar esta sociedad, transformar este mundo. Con transformar me refiero a tocar un corazón, a tocar los corazones, a hacer del arte escénico un impulso vital y necesario capaz de transformar a otro.

“Transformando a una persona transformamos el mundo y a nuestra sociedad. Para hacerlo se necesita toda la pasión, todo el amor, todo el cariño, toda la inteligencia y toda la preparación.”

¿Cuáles son los mayores retos que los creadores escénicos, especialmente los hidalguenses, están atravesando en esta pandemia?

“El mayor reto es sobrevivir, permanecer, estar. Hay una realidad que es el día a día, la obtención del sustento.

“Los creadores escénicos hidalguenses no tienen un apoyo y no lo vamos a tener. A nuestras autoridades e instituciones gubernamentales no les interesa que nosotros pervivamos, perduremos, sobrevivamos y estemos listos para crear. En ese sentido, el primero y gran reto de los creadores hidalguenses es sobrevivir y el segundo es romper, desde mi punto de vista, toda relación con las instituciones culturales.

“Nos ‘castran’, nos dopan con algunas becas, nos dejan girando a su alrededor y de los recursos estatales, gubernamentales y federales. Es un gran reto romper con ese círculo vicioso que no nos permite crear, ser contundentes y ser artistas en el amplio sentido de la palabra.”

¿Crees que estos tiempos del Covid-19 tendrán un impacto en nuestra manera de ver, leer, escribir, dirigir, en fin, de hacer teatro? ¿De qué forma?

“¡Por supuesto que sí! Estos tiempos del Covid-19 nos van a llevar a replantear el cómo hacer teatro, qué hacer y cómo hacer. Me parece que todavía no lo sabemos, pero de entrada nos llevó al no hacer y ese punto es importante, el no hacer o el estar en preparación para hacer esta pausa necesaria, urgente, no programada y obligatoria, nos muestra esta manera.

“¿Qué va a venir? ¿Cómo va a venir? Me emociona el qué viene. No sé qué viene y eso me emociona también, descubrir el día en que nos digan que podemos abrir las salas, tener teatro, en ese silencio, qué fuimos capaces de construir y qué necesidad tenemos de pararnos en el escenario y qué necesidades vamos a tener.”

¿De qué manera los medios digitales pueden estar al servicio del teatro y no al revés?

“Es muy importante la articulación y claridad del discurso. La iluminación, vestuario, escenografía, medios digitales, proyecciones, todos los elementos que se integran tienen que tener una buena articulación, un sentido y un porqué en la escena.

“Si nosotros incluimos medios digitales sin claridad y objetivo nos ‘comerán’, se volverán el centro. Es muy importante una articulación adecuada de los elementos en escena.”

¿Cómo es tu rutina de trabajo como creador escénico? ¿De qué no puedes prescindir?

“No hay rutina. Agarro tiempo de donde no hay tiempo y trabajo de manera muy desordenada. Dejo que lleguen las imágenes, los momentos, procuro sentarme y darle tiempo a la creación pero a veces es por la tarde, a veces por la noche o en la madrugada; a veces es todo el día, a veces son cinco minutos un día  y cinco minutos otro día.

“Intento que haya una constancia de trabajo pero por mi ritmo de vida no hay una rutina. No puedo prescindir del café, lecturas y nada más. Procuro no agarrarme de cosas, sino estar en todo momento creando.”

¿Qué canción no deja de sonar en tu playlist?

“En general no deja de sonar Leonard Cohen, en particular ‘So long Marianne’; me encanta la fuerza, la gravedad, la alegría, la audacia que tenía al cantar a sus muchos años. Para mí es un grito de amor y, en ese sentido, ahora no deja de sonar en mi playlist.”

Un escenario nunca…

“Se sanitiza. Tiene que estar sucio, sudado, listo para ‘contagiar’ al espectador, listo para ‘contagiarse’, para transmitir la enfermedad y purificación.”

El teatro está…

“En crisis. Siempre ha estado en crisis. El teatro está en construcción, siempre está en construcción. El teatro esta por ser, siempre está por ser.”

Cuando era niño…

“Andaba en bici y me emocionaba mucho con las cosas de la vida. Hoy sigo andando en bici y me siguen emocionando las cosas de la vida.”

En Foro Doble Nueve aprendí…

“A poner en práctica muchas cosas que había aprendido antes; es el resultado de muchos aprendizajes y también empieza a ser, o ya lo es o está siendo, una serie de otros más, donde se comienza a reafirmar lo anterior.

“He aprendido que el público tiene que llegar a tener paciencia y a ser constante. Ha sido un espacio sutil de muchos aprendizajes.”

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