En algunas entrevistas, las voces de algunas artistas aquí entrevistados, me conectan con Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pínkola Estés. Tal vez porque su fuerza y libertad sean un espejo a la mujer salvaje que florece en las páginas de tal libro: “Nuestro derecho como mujeres es crecer, no simplemente sobrevivir”, escribió en una de ellas la autora.

Gisela Cortés es actriz, maestra en artes visuales por la Facultad de Arte y Diseño de la UNAM e integrante del proyecto Semillero de artes vivas, espacio de pensamiento-creación en torno a la memoria-cuerpo-ciudad que ha realizado recorridos performativos y la conformación de un archivo sobre la antigua zona de tolerancia y el primer mercado de Pachuca.

Feminista por convicción, “salvaje” por atributo y madre con todo el corazón, en esta entrevista comparte el interés por la otredad como una de sus mayores inquietudes y de que forma la maternidad ha transformado su relación con el mundo y con las artes: “Me hizo darme cuenta de esa vulnerabilidad que vivimos como seres humanos. […] lo femenino dentro del teatro tiene que ver con procesos más sensibles, menos violentos.”

¿En qué andabas antes de que esta pandemia cayera como un piano sobre nuestras cabezas? ¿Cómo lo estás resolviendo ahora?

“En Semillero de artes vivas estábamos armando el segundo Ciclo de Artes Vivas, dónde íbamos a mostrar parte de la investigación de campo que llevábamos desde enero en el mercado Primero de Mayo y la antigua zona de tolerancia.

“También traía muy recientes las impresiones de la marcha del 8 de marzo, ese movimiento tan fuerte, tan emocionante en todas las calles de nuestro país y del mundo, que fue muy importante para mí porque la hice por primera vez con mi hija que tiene 2 años, con mi mamá, mi hermana y mis amigas. Me parece muy importante este acompañamiento entre mujeres. La contingencia revela la exacerbación de la violencia en las casas, sobre los cuerpos femeninos. Para mí es brutal pensar en detenernos después de un movimiento tan fuerte.

“El colectivo concursó y obtuvo un apoyo que nos permitió pensar en segundo Ciclo de Artes Vivas desde una plataforma virtual, lo cual nos hizo desarrollar toda una estrategia de trabajo bien interesante. Comenzamos a generar una propuesta para la construcción un gesto colectivo en vivo a partir de todo lo que habíamos desarrollado y trabajado sobre los espacios. Invitamos a la Virgen del Escándalo Guadalupe Mora que tiene un trabajo muy interesante con el cuerpo. Parte de la experiencia fueron cuatro horas de ver cuerpos en pantalla bailando en sus casas, estar juntas a partir de la virtualidad, pero bailando. Fue muy bonito, mi hija estaba conmigo y bailaba, veía a las personas y le daba risa. Fue una acción interesante, una invitación a pensarnos desde la posibilidad del encuentro.”

En el medio teatral hay muchas divergencias en cuanto a las propuestas escénicas virtuales. ¿Cómo ha sido tu experiencia? ¿Es posible “estar en la distancia”?

“Las artes vivas es un campo que atraviesa nuestros cuerpos y nosotras somos como ese primer espacio que se activa desde distintas posibilidades de cómo utilizar estos medios para repensar el presente. En Semillero de artes vivas pensamos en una activación a partir de intercambio con quiénes nos miraban y en indagar de dónde venimos, cómo estamos, en qué parte de nuestra casa estamos. Es importante no obviar lo que está pasando en las casas; en las actuales circunstancias la intimidad se abre ante la cámara, se vulnera, se activa la otra presencia que también está abriendo su intimidad. Sí, es posible estar en la distancia, pero sin obviarla.”

¿Cuáles son los mayores retos que los creadores escénicos, especialmente los hidalguenses, están atravesando en esta pandemia?

“Un reto sería poder imaginar redes de acompañamiento y de cuidado para producir y generar espacios, bien como otro tipo de comunidad que no tenga que estar sujeta a las formas en que se están gestando los recursos que administra la Secretaría de Cultura. Sabemos que nuestro estado es priista desde hace más de 90 años y hay toda una pedagogía y una forma de hacer las cosas que conocemos bien. Todo este momento pandémico que nos llevó también a estados de crisis y de introspección, nos puede llevar a pensar distinto, en cómo articular otras formas de acompañamiento y de cuidado entre nosotros como creadoras como creadores.”

¿De qué forma la maternidad transformó tu relación con el mundo y tu perspectiva como artista?

“Pues la cambió totalmente. Primero me hizo darme cuenta de esa vulnerabilidad que vivimos como seres humanos, de esa necesidad de cuidado y posicionarme.

“Para mí, los muchos tipos de feminismos son impresionantes, empezando por entender el respeto al cuerpo. No permitir que nadie nos diga cómo parir, cómo ser madres, cómo debe ser el proceso de lactancia. Yo parí en casa con partera y mi pareja; Héctor recibió a mi hija, fue un parto precioso. La partera, me había dicho ‘somos mujeres que paren en libertad’ y eso tomó el sentido absoluto. Eso se relaciona totalmente con mi perspectiva como artista porque para mí es fundamental pensar en espacios de cuidado y de respeto. Lo que hacemos nos interpela de tal forma, que siempre nos hace detenernos y posicionarnos. Hay una poética y una política desde las que estamos hablando como Semillero de artes vivas y esto que hacemos como artistas tiene que ver con esas labores de cuidado tan menospreciadas, tan hechas a un lado. Mi hija me está enseñando muchas cosas y me emociona mucho cuando pienso en este periodo y en lo afortunadas que hemos sido. Asimismo me pienso en red con otras mujeres y con otros círculos de mamás y artistas, sobre cómo viven la maternidad, como reflexionan sobre las experiencias, incluso desde otras perspectivas como por ejemplo las maternidades queer que son aquellas que no se ubican dentro de la heteronormatividad. Yo llevé una formación artística muy dura. Pienso que el teatro es muy masculino, ¿cómo pensamos un teatro que sea más femenino y que te hable desde otros lugares? Lo femenino dentro del teatro tiene que ver con procesos más sensibles, menos violentos.”

¿De qué forma el proyecto Semillero de artes vivas dialoga con esta contingencia? ¿Cuál es el impacto del aislamiento social en la tríada memoria-cuerpo-ciudad?

“El semillero es un espacio de pensamiento y acción dónde estamos todo el tiempo intentando abrir esas memorias no oficiales, esas historias no oficiales, en este caso, por ejemplo, en la antigua zona de tolerancia todas aquellas historias que se van formando alrededor de un espacio con una violencia tan fuerte. La invisibilización de los cuerpos de las mujeres que fueron explotadas, lastimadas, asesinadas en esa zona. La historia oficial de los historiadores de una forma deja de lado estas microhistorias que son parte de la memoria de una ciudad y que no están contempladas en la historia oficial, ‘la historia de los vencedores’ como lo dice Walter Benjamin. Por eso para nosotros es importante pensarlo desde memoria-cuerpo-ciudad porque esta tríada se vuelve una sola entidad cuando nos conecta con la ciudad como cuerpo, como contenedora de esas memorias.”

¿Cómo es tu rutina de trabajo como creadora? ¿De qué no puedes prescindir?

“Pues no tengo una rutina de trabajo como tal y eso me gusta mucho. Como mamá no puedo prescindir de amamantar. No quiero negar en los procesos de trabajo que soy mamá y que eso implica mucho tiempo y que mi niña está chiquita y que me importa ser parte de mis procesos creativos porque también ella está aprendiendo de eso, está escuchando cosas y te habla muy bien ya tiene dos años y habla increíblemente bien. A veces me sorprende mucho y me pregunto, ‘¿de dónde salió esto que acaba de decir?’ (risas).”

¿Qué canción no deja de sonar en tu playlist?

“‘Elephant gun’ de Beirut.”

Un escenario nunca…

“Yo pienso que los escenarios son la posibilidad de todo.”

El teatro está…

“Se está desbordando desde hace muchos años y tiene la capacidad de transformarse y adaptarse porque así ha sido de acuerdo a las necesidades porque siempre está desde un posicionamiento político. Estamos en un momento de transición para la equidad de género, para el desbordamiento de lenguajes en el sentido de entender que hay muchos que somos muchas, muchos los cuerpos, las cuerpas que queremos accionar desde la posibilidad de un acompañamiento amoroso, sensible que no juzga los cuerpos, que no juzgue las voces.”

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