Harumi Macías, directora escénica egresada del Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), “apuesta por un teatro aplicado a través de una creación integral que comprende diseños propios (títeres, teatro de sombras, teatro de objetos y/o escenografía) con los cuales ha colaborado con diversas asociaciones”. Apreciadora de las imágenes, encuentra en los dibujos un elemento esencial en sus procesos creativos: “En mi rutina es importante la observación, leer, escuchar, mirar, observar, escribir, dibujar mucho. Siempre parto de qué voy a decir y a quién se lo voy a decir. Allí inicia la magia”.

En esta entrevista, con sensibilidad e inteligencia, la talentosa e inquieta creadora, comparte algunas reflexiones sobre el encierro y su quehacer artístico a partir de procesos realizados con las compañías Reloj de Escena y Bocamina Teatral.

¿Cuál ha sido el mayor reto que esta contingencia ha presentado a tu labor artística? ¿Rescatas algún aprendizaje frente a las limitantes de esta nueva cotidianeidad?

“El primer reto que tuve como artista en esta pandemia fue justamente ser artista. Volver a los inicios, volver a tocarte, volver a ti como esa persona creativa y reencontrarte es un gran reto, bien como lo es volver a mirar a tu alrededor. Llega un punto en que dejamos de mirar alrededor y solamente ponemos nuestros ojos en grandes problemas y en grandes conflictos, pero no vemos más allá. Creo que mi gran reto como artista ha sido dejar de darle mi vida a cosas sin importancia y comenzar a asumir mi cuerpo, mi casa, mi familia, mi entorno, mis vecinos, mi ciudad y hacer a un lado ciertos conflictos. Ha sido un tiempo difícil, sí, y también ha sido un tiempo bueno de encontrarme y de confrontar mis pensamientos, mis sentimientos y así soltar todo aquello que nada más estaba estorbando.

“El gran aprendizaje es asumir que la sociedad ya estaba rota y que esta nueva normalidad es el resultado de aquello. Este tiempo es una oportunidad de responsabilizarme de mí. A veces nos cuesta, estamos viendo qué es lo que otros piensan, opinan y encerrarme me hizo dejar de mirar hacia allá y aprender que a veces el encierro también es necesario para continuar y lo es para beneficio de los demás. A veces encerrarme salva al otro, a veces verme a mí salva también al otro. No sé si les guste a los demás, pero a mí me enseña a rescatarme, a salvarme. Tal vez, si gano la batalla en mí, tal vez la gane también para los demás.”

¿Te encuentras en algún proceso creativo actualmente? ¿Qué expectativas vislumbras?

“Sí y me encuentro muy contenta. Voy saliendo de un proceso intenso con Los últimos días de Gilda, de Rodrigo de Roure, el cual continúa, siempre está actualizándose. Varias personas me dicen: “Es que para ti nunca está listo, ¿no?”. ¡Pues no! Nunca está listo (risas). Siempre hay que refrescarlo, siempre hay trabajo, siempre hay algo nuevo, algo que sumarle porque siempre somos distintos y yo no soy la misma que montó hace un año Los últimos días de Gilda, ni Gilda es la misma. Creo que es una gran lección de esta obra, donde se habla del encierro, por más que me encierre siempre voy a estar cambiando y las cosas cambian y el proceso continúa.

“El niño de lodo de María Sordo sigue vigente gracias al equipo de Bocamina Teatral.

“El año pasado tuve un proceso interesante de construcción y encuentro del cual surgió Jiwi que es un unipersonal. Tenía años de no trabajar con títeres directamente y ese fue el primer paso para lo que ha seguido este año. Es una obra chiquitita que disfruto y que me enseña mucho.

“Por último, está en proceso ¿En dónde vive Barba Azul?, una obra para niños donde estamos trabajando de la mano de una psicóloga que se dedica al área infantil.

“Hay mucho por delante, vislumbro un camino largo, maravilloso, de trabajo, de encuentro, de autodescubrimiento y la oportunidad de poner en la mesa qué está pasando con los niños en el encierro y cómo darles herramientas de autodefensa cuando el peligro está en el supuesto lugar seguro.”

¿Qué puedes compartir sobre tu ejercicio como público en los últimos meses? ¿Cómo el espectador y el creador que llevas adentro dialogan en tiempos del Covid-19?

“Como espectador me he quedado con ganas de ver a artistas descubriéndose en ejercicios, en sus dibujos, en imágenes, en fotos, en lo que ven. Me he quedado con hambre de ver más. Si alguien puede llevar luz en este momento y denunciar de una manera creativa, destapar lo invisible y hacerlo tangible y llevar esperanza, son los artistas.

“Hace poco vi una obra de Teatro Bola de carne en un edificio de la Narvarte y para mí fue fantástico. También he visto algunos ejercicios de los chicos del Instituto de Artes de la UAEH y es maravilloso lo que ellos están encontrando, como están enfrentando esta etapa de la historia en su momento formativo. Me maravilla ver cómo hablan de su encierro, cómo hablan de lo que les emociona y su esperanza de enfrentar el mundo y comérselo con arte, con colores, con palabras, con sangre, con todo. Creo que tenemos que, como diría Eugenio Barba, regresar a los inicios, volver a estos principios y recuperar nuestra pasión como cuando éramos estudiantes. Tal vez ahí esté la clave para resolver el mundo. Mi espectador y mi artista se pelean muchísimo (risas).

“Fui la niña que se maravilló cuando vio la inauguración del Instituto de Artes en la en la finca de San Cayetano y no tenía conciencia de lo que estaba pasando. Estaba desde mi ventanita observando como en el patio había artistas, me acuerdo mucho de un chico que estaba con unas alas enormes. Mi espectador es esa niña que se maravillaba de lo que veía a través de la ventana. El artista pues está furioso por la injusticia, frustrado por no poder hacer más. Está amargado mi artista y de cuando en cuando se deja apapachar por la niña soñadora. Tengo los sentimientos encontrados.

¿Cómo es tu rutina o disciplina de trabajo como creadora? ¿De qué no puedes prescindir?

“En mi rutina es importante la observación, leer, escuchar, mirar, observar, escribir, dibujar mucho. Siempre parto de qué voy a decir y a quién se lo voy a decir. Allí inicia la magia. A mí me encanta explorar con los actores, escuchar qué proponen, ver qué es lo que van a construir, desde donde ellos lo vislumbran, cuál es su imaginario y construir con eso. De ahí voy decidiendo algunas cosas sobre la escena. Me gustan los procesos largos. Creo que el proceso creativo tiene que pasar por ti, inevitablemente, y una vez pasado por ti y por los demás ya saldrá esta plastilina que se irá moldeando poco a poco hasta lograr la puesta en escena. Lo que no puede faltar es disposición. Necesito que todos estemos en un mismo sentir, hacia un mismo rumbo. O vamos juntos o no vamos. No puedo prescindir del mismo compromiso de todo el equipo, todos tenemos que saber qué queremos decir, a quién se lo queremos decir.”

Desde tu contexto, ¿cómo esta contingencia ha vinculado los términos “arte” y “política”?

“Yo creo que el arte es político en sí. Lo es en tanto se ejecute, en cuanto tenga algo que decir y lo diga. El arte no es la institución, pero a veces la institución quiere utilizar el arte y lo ha hecho por los siglos de los siglos, la institución de la religión, la institución política, distintos tipos de instituciones que pretenden utilizar el arte, pero a fin de cuentas el arte sigue siendo autónomo, sigue funcionando por sí mismo y sigue teniendo su propio discurso. Creo que la mejor forma de incidir es hacer. Si la institución cree que está usando al arte, pues que lo crea. Cuántas veces las instituciones han creído que usan al arte y puede ser que lo hayan usado, pero con el pasar de los años vemos hacia atrás y nos percatamos de como el arte realmente los utilizó a ellos porque su finalidad fue llegar a la polis y llegó y prevaleció.”

¿Qué canción no deja de sonar en tu playlist?

“‘Chícharos mágicos’ de Liquits.”

Urge una tercera llamada para…

“Volver a ser artistas.”

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