Egresado del Centro Universitario de Teatro de la UNAM (CUT) Mariano Acosta es el actual director de la compañía de teatro de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Docente, productor, dramaturgo y cuentacuentos, también está al frente de Las hijas de Antígona, compañía especializada en teatro de cabaret. Como invitado de la edición 2020 del Festival Internacional de Cabaret/Morelos (FICMO) impartió una clase magistral sobre de la construcción del personaje cabaretero a través del espectáculo Soy la Caperucita Roja pero dentro guardo un lobo feroz, producido por la actriz América López.

Inspirado por su entorno, las prácticas actorales y el ejercicio de la dramaturgia, en esta entrevista el artista comparte algunas reflexiones desde la postura política que ha entretejido con la experiencia cosechada en los palcos: “Hago cabaret desde los Derechos Humanos, desde la equidad de género, partiendo de la idea de que mujeres y hombres hacemos un trabajo en conjunto, nos entendemos, somos empáticos y capaces de construir una patria”.

¿Qué papel asume el teatro de cabaret ante las recientes manifestaciones feministas en el país? ¿Cómo sostener la visibilidad de un acto de denuncia en tiempos de contingencia?

“Creo que es el mismo que asume la comunidad en general y que deberíamos de asumir todos en algún momento: la exigencia al respeto. Al respeto a todas las mujeres, el respeto al género, y antes que todo, el respeto a los derechos humanos de las mujeres. Desde mi disidencia e indignación me pongo la bandera de feminista y al mismo tiempo colaboro para construir otras nuevas masculinidades. Creo que el cabaret tiene más que nada esa labor de poder hacer desde el escenario que esto sea cada vez más importante no solo para el gobierno, sino para la gente. Los hombres y las mujeres –sobre todo los hombres– tienen que entender que la lucha feminista no es algo es algo que está en contra de ellos. Por eso por eso me uno a la construcción de nuevas masculinidades, las cuales posibilitan entender, apoyar y colaborar con todo lo que las mujeres hacen. Es importante entender, abrir este diálogo que está muy pendiente y que el cabaret lo asume para que esta indignación se vea y que esta necesidad de justicia y de derecho se abra y podamos empezar la conversación. Hago cabaret desde los Derechos Humanos, desde la equidad de género, partiendo de la idea de que mujeres y hombres hacemos un trabajo en conjunto, nos entendemos, somos empáticos y capaces de construir una patria. El cabaret que dirijo más bien va hacia eso, mostrar a la mujer en todos sus aspectos, laborar para que no se señale, no se juzgue y no se estigmatice.”

¿En qué andabas antes de que esta pandemia cayera como un piano sobre nuestras cabezas? ¿Cómo lo estás resolviendo ahora?

“Estaba trabajando en algunos proyectos que ya estaban a punto de estrenarse y estaba planeando un reestreno con la obra Tito Andrónico. Y también trabajaba sobre una obra que adapté para la compañía de teatro de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, un proyecto de cabaret para jóvenes. Te puedo decir que, gracias a la pandemia, superé muchas cosas. Entre ellas mis miedos a escribir, a mostrar mi trabajo. Les di a mis compañeros de la compañía muchas cosas que había guardado celosamente, que había escrito desde hace mucho tiempo y que fuimos releyendo juntos. De ahí salieron cosas importantes para mí y para ellos en la aportación que hicieron. He podido investigar más a cerca de Antonin Artaud, me fascina mucho el trabajo de este hombre y sus reflexiones sobre lo grandilocuente, la sorpresa, el impacto, la necesidad de construir un discurso que sea legítimo, políticamente contundente. Esta necesidad que manifiesta sobre todo en el teatro y la peste al decirnos que hay algo afuera que nos está aniquilando, pero que nosotros tenemos que hacer algo más potente para que esto no muera.”

¿Cómo ha sido tu experiencia como director de la compañía de teatro de la UAEH? ¿De qué forma esta se vincula con la licenciatura en teatro ofrecida por el Instituto de Artes de la máxima casa de estudios?

“Me encuentro completamente feliz dirigiendo, no me encuentro en una zona de confort, por el contrario, porque además de que ahora dirijo la compañía también escribo textos para mis compañeros y eso me pone a trabajar de manera veloz y feroz. Sí, creo que hay algo hay algo extraño porque ante todo soy actor. Me gusta mucho actuar y me gusta mucho compartir mi experiencia como actor. Pero me la guardo. Prefiero ser aquel que mira desde la silla y puede hacer que el trabajo que los actores proponen se enriquezca a partir de lo que veo. Siempre busco la propuesta del actor para enriquecerla y después viene otra nueva propuesta a partir de lo que yo propuse y entonces ellos traen otra propuesta más como una gran bola de nieve de tal manera que trabajar como director es un deleite y sobre todo con grandes compañeros. No tenemos por el momento ninguna vinculación con el Instituto de Artes pero podemos acercarnos, fortalecer nuestros trabajos mutuamente, a la vez me parece que ellos están haciendo bastante bien en su trabajo didáctico-pedagógico y nosotros lo hacemos desde el trabajo creativo. Estamos a punto de cumplir 20 años como compañía, así espero que el próximo año ya lejos de la pandemia, ojalá podamos vincular mesas de trabajo para discutir sobre la importancia de hacer teatro dirigido a jóvenes audiencias.”

¿Cuáles son los mayores retos que los creadores escénicos, especialmente los hidalguenses, están atravesando en esta pandemia?

“Hay muchos que tenemos principalmente desde nosotros, después desde las instituciones y más tarde con el público. Desde nosotros considero que tener trabajos escénicos limpios depurados con un soporte de investigación claro, dirigidos a públicos específicos con claridad sobre todo, de pronto encuentro muchos trabajos que son réplica de algunos otros pensamientos que me suenan lejanos, que ya no me suenan al grupo que veo, que no me refieren a sus pensamientos y es por eso que de pronto uno se aleja precisamente del teatro, creo que ese es el principal reto: tener una poética, crear una poética, consolidar una estética, apuntar cosas que nos vinculan directamente con el pensamiento creador de ese grupo.

“Con las instituciones considero además del apoyo económico la apertura de espacios para que nosotros podamos exponer nuestro trabajo a través de temporadas, hemos fallado un poco los artistas en cuanto a la gestión. Tenemos que vincular nuestro trabajo creador, exigir la apertura de espacios, ser gestores y promotores de nuestro trabajo. No esperar solamente los presupuestos para para producir nuestros trabajos, sino exigir a las instituciones que queremos los espacios, temporadas largas en los espacios, que queremos permanecer. Considero que este es el momento para poder hacer desde lo independiente algo que nos haga visibles como creadores y como artistas. En cuanto al público, por ejemplo, con el programa de teatro escolar hizo muy poco, no hay una secuencia del trabajo, no hay un seguimiento puntual, no hay una evaluación clara, no hay estrategias para que continúe de manera permanente. Y eso está en detrimento de la participación del público, no se forma realmente un público. Desde nuestras trincheras, debemos hacer talleres de creación de público, consolidar temporadas largas para que el público se acostumbre que haya teatro. Entonces el trabajo es por partida triple desde nosotros como compañías, como creadores independientes, como creadores, como gente de teatro, de arte y el público como observador de un hecho vivo, real y verdadero.”

¿Cómo es tu rutina o disciplina de trabajo como creador? ¿De qué no puedes prescindir?

“Actualmente con la pandemia mi rutina no ha cambiado mucho de la que era antes. Sigo despertándome temprano, sigo reflexionando en relación al teatro, escribiendo, armando rutas para consolidar trabajos, tomando clases de canto, dando clases, moviendo mi cuerpo y haciendo ejercicio. Otra parte de mi disciplina es tener tiempo para escribir tanto el teatro que quiero proponer desde el cabaret como el teatro que quiero que se haga en la compañía, que lean mis compañeros de la compañía. Es importante entrenarme física y emotivamente; entrenar mi voz, entrenar mis oídos para escuchar, entrenar mis ojos para abrirlos y que estos sean este unas ventanas para que mis compañeros vean ellos lo que hace falta y sobretodo entrenarme en la escritura. No puedo dejar de reflexionar acerca del teatro, del teatro que veo, del teatro que hago, del teatro que sueño, del teatro que pienso. Todo el tiempo escribo, sigo siendo de los de pluma y papel, me encantan las libretas porque considero que ahí dejo algo más. Se queda para la posteridad. No puedo dejar de reflexionar, de pensar en lo que viene y en lo que quiero ser.”

¿Qué canción no deja de sonar en tu playlist?

“Hoy en día es ‘Bonita’ de Javier Solís. Siempre me ha dejado cosas hermosas esa canción. A mí la música me vincula con el cabaret desde siempre, ha sido como ese motor que no deja de moverme, no deja de sacudirme. Con Las hijas de Antígona hemos creado una poética y ha sido a partir de la música que se ha convertido en el vehículo que nos hace transitar por la indignación, por la denuncia, por nuestras disidencias.”

Un escenario nunca…

“Estará solo, vacío, es el territorio donde el actor dibuja con su cuerpo, ilumina con su voz y mueve al mundo con sus gestos. Nunca será territorio de guerra, sino de paz, nunca apagará las luces por que los actores son las luces que lo iluminan. Un escenario nunca se acabará.”

El teatro está…

“Siempre naciendo.”

De interés

Comentarios