Como sucede frecuentemente, una vez que llegan al poder, muchos “servidores públicos” olvidan que son eso: trabajadores al servicio de la ciudadanía a la cual deben su razón de ser, al menos mientras estén en su cargo. En Progreso, 15 familias se encuentran amenazadas por la ineptitud, el descuido y olvido de servidores públicos, no solo a nivel municipal, sino estatal y federal. Ellas viven en la localidad Donija Hacienda Vieja, con la desgracia de que cerca de ahí hay un tiradero –hasta nombrarlo basurero le otorgaría una categoría superior a la que tiene– que sirve tanto a Progreso como a su vecino Mixquiahuala. En un país civilizado esto no representaría mayor problema, pues hay medidas que evitan que los depósitos de residuos urbanos contaminen a las comunidades vecinas. Pero como en nuestro país no es así, y menos en municipios como los citados, entonces los residentes deben sortear los peligros que representa vivir cerca de un tiradero en la más absurda indefensión. Los animales muertos, por ejemplo, que son auténticos focos de infección, simplemente son aventados “así nada más”, como narró a este diario un habitante afectado por esta barbarie. No hay control de lixiviados, ni separación de residuos orgánicos e inorgánicos, no hay nada. A esto deben enfrentarse las personas que viven en localidades del Valle del Mezquital. Y las autoridades, hasta el momento, como si no existieran. De filón. A cuatro días del más reciente sismo ocurrido en varios estados del centro del país, el ánimo por ayudar, por colaborar aportando víveres y artículos de primera necesidad, no decae. Esperemos que una vez que pase la coyuntura, no olvidemos que hay personas que lo perdieron todo. Y además, que el gobierno haga su parte con los recursos que están previstos para ello.

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