K se preguntaba qué era aquello que lo tenía sometido de pies a cabeza y que no lo dejaba respirar. Sentíase de pronto decaído y sin ánimos y un poco después recuperaba su alegría y sentía en sus venas renacer el mundo perdido momentos antes.
Era como estar en un tobogán de ida y vuelta con curvas y más curvas que lo mareaban. Tenía ganas de bajarse, pero una fuerza desconocida que nacía de su propio interior no lo dejaba siquiera intentarlo.
Fuera o no el momento decidió ponerse a escribir para distraerse de tanta aflicción, caído como estaba en el más funesto de los desánimos. Su escrito debía ser un bálsamo y a la vez tener un sentido preciso que le hiciera recordarse a sí mismo desde una imagen.
Inició: “En este día, en esta hora del año, estoy viendo a M como otras tantas veces y me pregunto si ella también me ve o solo me observa desde un rincón pequeño de su alma, atribulada como está por las circunstancias del devenir.
“Quizá sea esa una pregunta necia, absurda desde su mera formulación, nacida malformada en su origen impreciso y turbio. No siempre se puede estar al borde de un precipicio sin caerse.
“Me surge esa afirmación hipotética que pretende ser el resultado de un análisis interiorizado tras mucha reflexión. La formulo de la siguiente forma: la razón manifiesta de una circunstancia es la negación latente de una situación.
“Razón manifiesta, es un buen inicio para una formulación imprecisa como la que quiero expresar. No me suena tan bien, sin embargo, la negación de la latencia situacional. ¿Qué quiero decir exactamente con eso?
“Hago un esfuerzo por definir ambos lados de la hipótesis. El esfuerzo es solo una pretensión que oculta su verdadera finalidad: el olvido del tobogán, que pese a todo sigue ahí agazapado y a la espera.
“Comienzo por el final, por la negación de la latencia situacional que defino como: afirmación de lo explícito de la situación. La primera parte se define por sí misma: la circunstancia queda enmarcada en su razón manifiesta.
“Ahora la hipótesis queda claramente definida en sus partes y puedo ponerme a corroborarla utilizando la lógica. No lo hago, no me importa dejar de lado ese trabajo de la mente que solo uso para distraerme”.
K dejó inconcluso su planteamiento y eso lo hizo feliz, sabiendo que detrás de aquellas palabras solo había un tiempo perdido que jamás recobraría. Entonces, y eso era lo importante que había encontrado: la razón manifiesta era el tiempo perdido, y éste no era más que el tobogán vuelto del revés.
M le sonrió desde el otro lado, muy lejos de él. Perdida en su propio abismo de circunstancias. Las mariposas, vueltas locas, revoletearon en su corazón. Ya no era más que un revoltijo de mareos disímiles.

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Doctor en ciencias políticas y sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona, maestro en análisis y gestión de la ciencia y la tecnología por la Universidad Carlos III de Madrid. Profesor investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Autor de varios libros y artículos indexados. Columnista de Libre por convicción Independiente de Hidalgo.