Con cariño para mis amigas Silvia Mendoza, Araceli Jiménez,
Karina Pizarro y Josefina Hernández Téllez, por ese lindo fin de semana donde disfrutamos esta obra de teatro

Su voz suave y angelical juraba que nada mejor que estar “Cerca de ti”, sus manos femeninas dominaban las baquetas. El sonido de su batería acariciaba la luna, las estrellas caían del cielo y hasta los ángeles se reunían para escucharla. Pero su mirada siempre delataba una tristeza total, un desamparo conmovedor y una soledad fatal. Su hermana tan perfecta, su madre tan dominante. Karen Carpenter quiere vomitar, no puede comer nada más, se mira al espejo y pese a sus 40 kilos la imagen reflejada es de una mujer con kilos de más, gorda y asquerosa. Su último aliento confiesa que estaba muy cerca de nosotros sin estar.
“Las aguas de marzo” se revuelven al ritmo de su vida, marcan ese ritmo sensual de una voz de tono siempre seductor y eco portugués pero también de abandono, de adicciones que quebrantan la fuerza femenina. Su cabello cortito, su sonrisa en el escenario, los aplausos que reconocían su calidad musical, la soledad en el camerino que la descalificaba para sentirse feliz. “La garota de Ipanema” tenía más gracia con esa voz. Ellis Regina bebe y bebe a pico de botella el alcohol donde ahoga sus penas. Aspira la cocaína que la debilita para vencer sus penas. Su último aliento es la lluvia lloviendo. Es la promesa de vida que no cumplió.
Y ella que pintó “La vida de rosa” con su voz de pequeño gorrión que abría heridas en las almas más impenetrables y que enloquecía a los corazones más cuerdos. La voz que no se arrepentía de nada y en su hermoso francés cantaba: “Rien de rien. Non, je ne regrette rien”. La niña abandonada por su madre. La pequeña que fue hija de todas las mujeres del burdel donde tuvo que pasar su infancia. La que pierde al amor de su vida en un accidente aéreo. La que tiene un amante más joven. Edith Piaff, la misma que ante los excesos de su vida parecía una anciana a sus 40 años. Su voz llegaba a conmover al mismo desamor. Su último aliento mantuvo el tono de su cálido canto, el gorrión que no pudimos revivir con el calor de nuestra mano.
La bella por siempre. La misma que muestra sus esbeltas piernas mientras el aire del metro subterráneo levanta su falda color merengue nube. Recostada en un cielo rojo comparte la belleza de su cuerpo. Mirada triste pero sensual. Sola y acompañándose de sedantes. Amada por todos pero imposible de atrapar el amor eterno. Su vestido que no la deja respirar mientras le canta al presidente del país más poderoso: “Happy birthday, Mr president”. Marilyn Monroe y su eterno mito. La leyenda de la bella incomprendida y usada. Su último aliento es para suspirar con la inocencia sensual que la sentenció para inmortalizarla por siempre.
Cuatro mujeres, cuatro alientos que nos quintan el aliento. Cuatro mujeres recuperadas por otra mujer, Gilda Salinas, autora de la obra El último aliento, cuatro monólogos que quitan el aliento. Se presenta en el foro Sylvia Pasquel, en la Ciudad de México, bajo la dirección de Manuel Flaco Ibañez y las actuaciones de Daniela Ibáñez, Michelle Batres, Claudia Marín y Amaya Blas.

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